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viernes, 16 de octubre de 2009

"OTROSÍ" NRO.13 - Julio de 1999 "CONSIDERACIONES AL TROTE"

"OTROSÍ" NRO.13 - Julio de 1999

"CONSIDERACIONES AL TROTE"

Ahora en que la parte pensante del país va tomando conciencia que la situación de Colombia es límite y que es ya un polvorín que se transformará en un Vietnam meridional gigantesco, llama la atención -alarma y entristece- que los analistas locales omitan (o se cuiden) de vincular el incendio presente del país hermano con el incendio pasado del nuestro ni con sus rescoldos que no terminan de apagarse.

Porque ante este panorama una pregunta es obvia: ¿la suerte de los acontecimientos colombianos no nos va a afectar de alguna manera?, obviedad que se completa con otro interrogante: ¿alguien ha pensado que estos mismos asesinos que ocupan militarmente más de la mitad del territorio, en estrecha sociedad con el narcotráfico, que se burlan y desairan al gobierno mientras se cobran una cantidad incalculable de muertos, heridos, secuestrados, vejados, desposeídos, es decir que ejercen una feroz e indiscriminada tiranía, son los mismos -salvo que más exitosos- que lo intentaron en la Argentina?

Es más: ¿que sus personeros y sobrevivientes locales son, aunque lo disimulen, sus cómplices y sus pares? ¿Quien puede dudar que "los de acá" se propusieron hacer lo que están haciendo "los de allá"?

Imaginemos a través de esta pesadilla colombiana lo que hubiera sido -y lo que podrá ser- la Argentina bajo el dominio de estos forjadores de la nueva sociedad. Sus adalides (las Bonafini, los Shocklender, los Alvarez, las Fernández, etc.), hombres y mujeres progresistas preocupados por ahora por sus respectivos cursus honorum, pretenden que no se percataron de las similitudes y los paralelos.

Pero los demás no podemos permitirnos caer en esas ingenuidades y errores. "Ellos" -los de ayer, los de anteayer y los de siempre- siguen estando entre nosotros, apoyando activamente o disimulando aviesamente, justificando o callando, con las armas o con el discurso y el metadiscurso; buscando o inventando víctimas de la represión y exaltando a los asesinos de la subversión.-

Existen personas que de puro cínicas se han vuelto sinceras y transparentes. Es el caso de Joaquín Villalobos, según parece el mejor estratega e ideólogo de la guerrilla salvadoreña, según nos anoticia La Nación del 25 de julio. Este hombre de 48 años dedicó lo mejor de los mismos a matar u ordenar matar a más de 10.000 congéneres con motivaciones tan difusas que nadie -y menos él- se dedicó a explicitar.

Es que la revolución, a medida que se la practica, transmite una cierta buena conciencia y también inocula una especie de indiferencia ante la muerte (preferiblemente ajena) y un gusto de matar por matar. Cuando el terrorista vuelve a la burguesía de la que salió lo hace, entonces, con el alma en paz. No importa el desaguisado que haya dejado atrás ni los infiernos que haya encendido. Está preparado para evitar esos incómodos escollos que a la buena gente todavía preocupa y no se sienten tentados de preguntarse porqué y para qué fue todo eso.

De cualquier manera la burguesía moderna es tan amplia y comprensiva que recibirá al terrorista sin preguntarle nada ni siquiera si está arrepentido; en todo caso ambos podrían interrogarse ¿arrepentido de qué?.

En definitiva no se trató más que de un error al que, por otra parte, no hay por qué reparar. Sin embargo, el terrorista-no-arrepentido tiene todavía una oportunidad para demostrar sus buenos sentimientos. Villalobo ofrece su experiencia de asesino como aval de negociador racional. Cuenta para ello con la estructura de una universidad como Oxford en cuyas regaladas campiñas retoza y se educa, lejos de su mestizo país al que él contribuyó como nadie a convertir en un maloliente campo de batalla.

Sin duda tiene más suerte que otro latinoamericano que por mucho menos parece condenado -juguete de sus malandanzas y víctima de sus aciertos- a terminar sus días cerca de allí. A Augusto Pinochet -fiel soldado que fue de su Graciosa Majestad- nadie le pagará una beca ni lo reconfortará para reacomodar su pasado. Fue condenado por Garzón que se olvidó de Villalobo.-
"SOBRE LA GUERRA REVOLUCIONARIA"

Importa volver sobre el concepto de Guerra Revolucionaria porque la incomprensión o desvirtuación del fenómeno - confusión claramente buscada por los ideólogos presentes del terrorismo pasado - lleva al actual trastrueque de valores y, simplemente, de los hechos.

Hoy todo se olvida en beneficio de los terroristas de ayer. Hay que empezar por su ubicación histórica lo que hará conocerla mejor.-

Tienen razón los especialistas como Claude Delmas que advierten que luego de establecerse en 1949 el equilibrio nuclear entre las dos grandes potencias protagonistas de la Guerra Fría, sólo quedaba (si se deseaba evitar el holocausto final del género humano) la diversificación y proliferación de guerras parciales, convencionales y gobernables; en el transcurso de estos conflictos localizados se irían delineando el resultado final del de fondo.

Esto quiere decir que se habrían de hallar una metodología y una estrategia que eludieran el enfrentamiento central, total, único y terminal por lo que los inevitables litigios que estallaran en cualquier parte del mundo y que no pudieran resolverse por la vía diplomática o política, deberían ser resueltos en niveles "más bajos", menos espectaculares pero más eficientes y, sobre todo, más profundos, más "encarnados" en la sociedad utilizada; nació así la subversión bajo diversas excusas ideológicas.-

Por eso es que tanto los EE. UU. como la URSS se lanzaron apenas acabada la 2a. Gran Guerra a provocar y a sostener campañas de violencia de todo tipo (continuada o no) en la periferia sometida a la influencia del adversario. América Latina era la zona propicia para que el Kremlin desencadenara una guerra de este tipo.

Fue la Guerra Revolucionaria que llegara a la Argentina bien a fines de los 50 (coincidiendo con la toma de Cuba por Castro), prolongada en los 60' hasta fines de la década siguiente, con algunos ramalazos en la de los 80'.

Lo que quiere decir que la ahora olvidada violencia de esos años no fue una reacción espontanea de un grupo de muchachos idealistas dispuestos a morir y matar por la implantación de un orden justo sustituyendo a un odiado aunque nunca bien definido sistema burgués-capitalista. El proceso no fue tan emotivo ni tan límpido como hoy se nos lo dibuja.

No hubo espontaneidad ni desinterés ni vocación por un cambio honesto de cosas. Por el contrario, todo fue planificado y sometido a una doble disciplina tan estricta y cruel una como la otra: la militar y la ideológica.-

Los intentos se basaron en un principio descubierto por el líder vietnamita Ho Chin Ming y posiblemente inspirado por esa mezcla de Lenin y Trotski asiático que fue Mao. Ese principio resultó cierto y su aplicación eficaz: consistía en volver la guerra - que en virtud de la formidable tecnología militar que se iba desarrollando a pasos agigantados al punto que ya se podía hablar con la incorporación de los artefactos atómicos de un cambio cualitativo más que cuantitativo - más "humana" en el sentido que el conflicto en sí y el uso de las armas retomasen una dimensión menos "cósmica", más individual, más tradicional y reconocible y en la que el hombre -soldado ocupase el lugar de combate que esa nueva tecnología concedía al ingeniero: es en función de este cambio - que efectivamente se llevó a cabo en las sucesivas guerras revolucionarias que tuvieron lugar en el marco de la Guerra Fría- que fue posible lo impensable poco antes: la igualación de las grandes potencias con los pueblos pequeños y pre-industriales.

Neutralizada de esta manera la inconmensurable superioridad tecnológica de Estados Unidos frente a un país agrícola - que, obvia y evidentemente, contó con el apoyo logístico y militar de China - la distancia de ambos contendientes quedó reducida al mínimo; en realidad la naturaleza de la nueva guerra dejó frente a frente a dos rivales casi en igualdad de condiciones: por un lado un gigante semiparalizado cuyos soldados carecían de motivaciones, por el otro una sociedad íntegra (hay que recalcar este aspecto) preparada y dispuesta en su totalidad, al estilo espartano, para la guerra. Vietnam consiguió su doble propósito de términos coincidentes: había restablecido las dimensiones del conflicto (que en otras condiciones era imposible) y al mismo tiempo dado un paso adelante al sustituir al soldado-profesional por el soldado-militante.

Esta es la gran transformación estratégica, táctica, política, psicológica y cultural que se introduce en el mundo moderno vía la Guerra Revolucionaria. Que habría de alcanzar patentes y patéticos efectos entre nosotros.

Pero el país dispuso, a Dios gracias, de ese combatiente que reclamaba la nueva guerra: el militar convencido hasta la muerte y el heroísmo de la justicia de su causa, la represión.-

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