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jueves, 20 de diciembre de 2007

El Museo de la Amnesia

El Museo de La Amnesia

Bahía Blanca • República Argentina

Domingo 21 de Marzo de 2004
El Museo de la Memoria y el reencuentro argentino
Mónica Almada La NUEVA PROVINCIA


"Triste momento el de los países demagógicamente engañados. Triste momento aquel en que un gobernante o varios gobernantes puedan sentirse dueños de ese país mismo, de su creer, de su querer. Porque el creer y el querer explotados son el gusano de la discordia que un envenenador malicioso (mediante poderes apropiados, mediante credulidades sorprendidas) introduce en el cuerpo confiado de una sensibilidad nacional".
Eduardo Mallea, Poderío de la novela, Aguilar 1965.

Días pasados, en ocasión del aniversario de la muerte del almirante Guillermo Brown, el jefe del Estado Mayor de la Armada, almirante Jorge Godoy, hizo una enérgica autocrítica sobre los sangrientos episodios de la década del 70. Sostuvo que el edificio de la ex ESMA "simboliza la barbarie y el horror" y llamó a que cada sector asumiera su responsabilidad en aquella tragedia. Asimismo, manifestó su aceptación al emplazamiento del Museo de la Memoria limitado al Casino de Oficiales.
Superada mi primera reacción de estupor frente a sus dichos, comprendí que estábamos frente a una decisión estratégica: se intentaba preservar el polo educativo que se desarrolla en el lugar.
En efecto, el presidente Kirchner había anunciado que el próximo miércoles 24 se inauguraría el Museo y Archivo de la Memoria. El que sería emplazado en el predio donde hoy funcionan la Dirección de Educación Naval, la Escuela de Guerra Naval, la Escuela de Suboficiales de la Armada, el Liceo Naval Almirante Guillermo Brown, la Escuela Nacional Fluvial Antonio Somellera, la Escuela Nacional de Náutica Manuel Belgrano, el Instituto de Estudios Estratégicos de la Armada y el Instituto Universitario Naval, con una población académica y administrativa de cinco mil personas.
El anuncio fue recibido con algarabía por las organizaciones defensoras de derechos humanos, quienes destacaron que la iniciativa ocuparía la totalidad de las 17 hectáreas, donadas a la Armada Argentina por la ex Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires en 1924, con cargo a construir un instituto educativo.
Después del discurso, se abrió un debate entre sectores: los heridos y humillados por su contenido y las organizaciones defensoras de derechos humanos a quienes no satisfizo la autocrítica y se ocuparon de aclarar que los marinos "debían entregar el predio" sin condiciones, reclamo compartido por el oportunista jefe de Gobierno porteño.
Siguiendo la tendencia iniciada un par de años atrás, cuando se planteara la nulidad de las llamadas leyes del perdón recrudeció el debate sobre el terrorismo en nuestro país; debate desigual, habida cuenta del espacio que cada uno de los sectores tiene en los medios de comunicación.
Recordemos que en 1998, el ex presidente Carlos Menem decretó el traslado de la ESMA a la Base Naval Puerto Belgrano y la posterior demolición, para erigir allí un monumento a la Unidad Nacional. Al mismo tiempo, la Legislatura porteña reclamó para la Ciudad de Buenos Aires la propiedad del predio, y la justicia concedió un amparo que paralizó la ejecución del decreto presidencial. En 2000, el ex ministro de Defensa Ricardo López Murphy dispuso concentrar en dicho lugar todas las actividades académicas vinculadas a la formación y capacitación de la Armada.
Conocí de cerca el tema en 1997, cuando me desempeñaba como directora de Coordinación Legal e Institucional en la secretaría de Educación porteña y fui partícipe de una pequeña historia vinculada a la ESMA.
En 1984, con el regreso a la democracia y dentro de las medidas de reconversión de los planes de estudio de los futuros integrantes de las Fuerzas Armadas, se dispuso la obligatoriedad de la escuela media para los suboficiales de las tres fuerzas. Los suboficiales de la Armada cursaban sus estudios secundarios en la escuela técnica CENS Nº 10, del distrito escolar 10, ubicada en la ESMA. En 1992, se produce la transferencia de los servicios educativos secundarios a las jurisdicciones provinciales; y la burocracia inherente al sistema de administración educativo quiso que en 1996, en plena campaña electoral, el expediente de extensión de títulos en dicha institución se encontrara a la firma del intendente Jorge Domínguez.
En la Argentina mediática y superficialmente progresista, la solución fue archivar el expediente para mejor oportunidad, sin importar el perjuicio ocasionado a cientos de estudiantes que, finalizados sus estudios, carecían del instrumento legal que lo acreditara.
En diciembre de 1997 recibí un llamado del director de la Escuela de Suboficiales, capitán de navío Alfredo Aliotta, quien solicitaba una audiencia para tratar el tema. Grande fue mi asombro al encontrarme con la realidad de un expediente prolijamente escondido desde hacía cinco años. No existía razón legal alguna que impidiera la normalización de la carrera, por lo cual elevé un dictamen en tal sentido al secretario de Educación, quien rápido lo devolvió, indicándome que era imprudente que avanzáramos en el tema. Su fundamento consistía en que se trataba de la ESMA y no era oportuno exponernos.
No compartí la discriminación y decidí avanzar en la solución. Integramos un equipo de trabajo con las autoridades navales, con el objetivo de reformular el plan de estudios que exigiera mayor información y formación en defensa de derechos humanos que las impartidas en el resto de la escuela media. Felizmente, logramos el objetivo y llegaron los diplomas.
El agradecimiento de las autoridades se tradujo en una invitación a conocer las instalaciones. La vergüenza me embargó al advertir quiénes habían sido los perjudicados con la absurda dilación: humildes jóvenes que, en su gran mayoría, provenían del interior del país y habían nacido con posterioridad a los terribles episodios de la década del 70.
Mayor aún fue mi sorpresa cuando recorrí las instalaciones, talleres perfectamente equipados, pulcros, instalaciones deportivas completas y en excelente estado.
Salí del lugar cavilando sobre la prudencia, el cinismo, la historia del CENS Nº 10 y la ESMA --a esta altura, debo aclarar que iniciaba el colegio secundario cuando se produjo el golpe militar de 1976-- y llegué a la conclusión de que la única forma de desterrar el pasado, cerrar las heridas, superar los enconos y preservar la memoria era que civiles y militares estudiaran juntos en la institución.
En efecto, la escuela debía abrirse al resto del alumnado porteño: en el secundario, a estudiantes inclinados a realizar una buena escuela técnica, y en el primario, se debían compartir las instalaciones deportivas.
Coincidentemente, un mes antes adquirimos el edificio de la calle Paseo Colón perteneciente al ministerio de Defensa, para destinarlo a unificar la administración de la secretaría de Educación en una sola sede. Hasta el momento, la administración se desplegaba en once edificios (la mayoría alquilados), con dificultades y mayores costos. Tuve la convicción de que, al menos en uno de los distritos argentinos, se podía empezar a transitar un camino de encuentro, ejemplo redivivo de aquellos pilares que fueran alianza, cohesión y progreso de nuestra sociedad a principios del siglo XX: excelencia de la educación pública y servicio militar obligatorio.
Fue una ingenuidad. En 2001, el secretario de Educación y actual ministro, Daniel Filmus, dispuso el traslado del Centro de Formación Técnica Nº 10, hoy concretada por Ibarra, y allanó el camino a la actual decisión. ¿Sabrá la señora de Bonafini que la escuela de artes y oficios que ella quiere establecer ya existía?
Así las cosas, hoy me pregunto: ¿qué será necesario para que los sectores políticos e ideológicos que intentaron imponer violentamente sus ideas, empuñaron armas en contra de la Patria y cometieron actos terroristas acepten sus responsabilidades? ¿Escucharemos algún día una autocrítica por parte de aquellos que desencadenaron un baño de sangre en la república y llevaron a muchos compatriotas a la muerte?
Quienes hoy aconsejan al presidente desarmar el polo educativo, ¿han decidido qué harán con la comunidad académica del lugar? ¿Qué ocurrirá con los estudiantes de la Escuela de Náutica, que el general Manuel Belgrano fundara hace casi 200 años? ¿Qué ocurrirá con los estudiantes del prestigioso Liceo Almirante Brown, que lleva 50 años formando estudiantes con rigor y excelencia? Una institución educativa ejemplar que superó la crisis y sigue en pie por el desinteresado esfuerzo personal y económico de sus egresados; hombres agradecidos por la educación recibida: sólida formación intelectual, disciplina y altos valores morales que anhelamos sean la regla y no la excepción de la escuela media argentina.
¿Serán las víctimas de este nuevo acto de revancha?
Sería irreparable que se interrumpiera el esfuerzo y proceso educativo que las fuerzas navales han desarrollado en los últimos veinte años orientados hacia su integración en el marco de la ley. Todo es posible, aunque no sea prudente ni recomendable.
Si se avanza sobre las 17 hectáreas, ¿quién resguardará el espacio público en una ciudad cuyo gobierno local se ha revelado por más de tres años impotente en lograrlo?
El alcance del Museo y Archivo que se pretende emplazar, ¿abarcará la totalidad de la historia, será un museo de la violencia en sentido amplio o se limitará a los hechos acaecidos entre 1976-1983? ¿Se ignorarán los más de mil muertos del otro sector?
La nulidad de los indultos que aún esperan pronunciamiento judicial, ¿alcanzará también a los montoneros y a los terroristas de La Tablada? ¿Qué decir de la amplia amnistía sancionada en 1973, que llevó a terroristas y delincuentes comunes a la libertad, y al exilio a los jueces que los habían juzgado y condenado?
Los argentinos no deseamos terrorismo ni inseguridad sin adjetivos ni parcialidades. La mayoría silenciosa rechazamos el panegírico que se realiza de las bandas de facinerosos y criminales que regaron el país de sangre, tanto como la respuesta del terrorismo de Estado; más allá de que muchos de los primeros sean funcionarios públicos, legisladores, asesores o simplemente censores y los segundos estén en prisión.
Ha llegado el momento de que la sociedad argentina asuma su responsabilidad. No hay inocentes. Todos somos culpables en alguna medida --si bien en diferentes grados-- de la hipocresía y cinismo nacional. Indiferencia que permitió sancionar a los gobiernos justicialistas de 1973-1976 una amplia amnistía, para luego autorizar el aniquilamiento de los terroristas; el que fuera primero perpetrado por organizaciones paraestatales gestadas en sus propias entrañas, y que tal metodología fuera continuada, corregida y aumentada por el régimen militar que lo sucedió.
Las Fuerzas Armadas fueron juzgadas por sus excesos en el juicio a las Juntas Militares de 1984 y debe admitirse que se llevó a cabo la solución posible, ni la más legal ni la más justa: sólo la posible. Los otros, los terroristas, quienes arrojaron la primera piedra y fueran amnistiados, hoy pontifican, asesoran, siguen impunes y pretenden conducir. ¡Y conducir es gobernar!
Es el momento de atender al sangriento legado de los últimos treinta años. Debemos aceptar nuestras responsabilidades. No sólo fuimos víctimas, sino también partícipes de su creación. El Dr. Kirchner tiene el deber de ser el presidente de todos los argentinos y como tal debe, sin demoras, convocar con generosidad y coraje a elaborar un nuevo contrato social, sobre la base de ciertas premisas irrenunciables, compartidas y asumidas por toda la población.
Una Argentina con sus instituciones frágiles y la mitad de su población sumida en la pobreza exige trabajar para revertir el deterioro, cerrar las heridas y avanzar a la definitiva reconciliación. Construir una patria para todos es posible.

Mónica Almada es abogada; fue directora de Coordinación Legal e Institucional de la secretaría de Educación del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.—

Bahía Blanca • República Argentina

sábado 27 de Marzo de 2004
Cartas y sugerencias
Mensaje a los memoriosos
Con motivo del aniversario del golpe de estado que puso fin al gobierno de Isabel Martínez de Perón, el presidente Kirchner inauguró el llamado Museo de la Memoria que, dado el olvido de la mitad de la verdad histórica, será en realidad el Museo de la Amnesia.
Y como dicho museo, por razones ideológicas, se hará en memoria de las víctimas de sólo una parte de los dos bandos enfrentados, será, además, un museo del odio, de la venganza, de la revancha.
Además, el presidente visitó el Colegio Militar de la Nación, para hacer sacar los cuadros de dos ex directores de ese instituto, los generales Videla y Bignone. Sacar cuadros no cambia la historia. Aun sin sus imágenes, los generales Videla y Bignone seguirán siendo ex directores del Colegio Militar. A la historia se la puede criticar, ponderar o interpretar, pero no se la puede borrar.
Tampoco las agresiones a las Fuerzas Armadas, treinta años después de los hechos, cambiarán la historia nacional ni mundial. La experiencia totalitaria marxista fracasó en la Argentina, fue derrotada irreversiblemente. Como desapareció del resto del mundo, dejando sólo un recuerdo de muerte, torturas, pobreza y falta de libertad.
Los nostálgicos ideólogos de la izquierda argentina podrán crear todos los museos memoriosos y sacar todos los cuadros que quieran, pero jamás podrán ver instaurada en el país una dictadura marxista-leninista. Morirán abrazados a un rencor y a un espectro ideológico irredimible.
El presidente Kirchner ha perdido la oportunidad histórica de transformarse en el mandatario que inició el proceso de reencuentro y unión nacional con grandeza, generosidad y visión histórica de estadista. Ha preferido ser un presidente sectario, alimentador de viejos odios del pasado y que gobierna no para todos los argentinos, sino sólo para las minorías ideológicas de sus preferencias personales.
Con Museos de la Memoria, destinados a mantener odios y rencores de hace treinta años, no lograremos superar el desempleo, la pobreza, la inseguridad y los problemas de salud y de educación.
Horacio Salduna Buenos Aires
CAPITAN DE CORBETA (RE) Arrestado por la publicación de una carta similar a la presente, días atrás, en LA NACION.


LA NUEVA PROVINCIA
Bahía Blanca • República Argentina

viernes 5 de Marzo de 2004
EDITORIAL
Deshonor
Cuando se esperaba del almirante Jorge Godoy una reacción de hombre de honor, indignado por el anuncio del presidente Kirchner de instalar en la ESMA un museo destinado a humillar a la Armada argentina, se descubrió con estupor que, por el contrario, la estrategia gubernamental contaba con la complaciente y comedida colaboración de quien debía darse por el más agraviado.
El almirante Godoy no sólo adhirió a la maniobra, sino que dio por probado que el edificio de la escuela "fue utilizado para la ejecución de hechos calificados como aberrantes y agraviantes de la dignidad humana, la ética y la ley, para acabar convirtiéndose en un símbolo de barbarie e irracionalidad".
¿Calificados por quién? Por los mismos terroristas que los marinos derrotaron en la guerra sin reglas a la que los desafiaron. De esos testimonios están plagados los juicios inconclusos, sobre cuya endeblez se apoya la campaña en contra de las Fuerzas Armadas.
De ellos se valieron las asociaciones que dicen defender los derechos humanos para requerir del gobierno --presumiblemente de antemano acuerdo-- la instalación o fabricación del supuesto museo.
Su objeto, amén del ya señalado, es rendir homenaje, indirecto pero patente, al terrorismo de esos años 70.
Hasta no verlo no se hubiera creído que un marino argentino se prestara, de manera oportunista, a SEMEJANTE BAJEZA. Una excusa sin embargo tiene, la que él mismo invoca, la de "compartir plenamente el pensamiento del gobierno nacional".-

LA NUEVA PROVINCIA
Bahía Blanca • República Argentina

viernes 19 de Marzo de 2004
EDITORIAL
Dignidad
El jefe de la Armada, almirante Jorge Godoy, y el ministerio de Defensa no se pusieron de acuerdo acerca de los motivos invocados para tratar de justificar el arresto de diez días impuesto al capitán de corbeta (R) Horacio Salduna.
Les habría bastado con explicar sencillamente que fue por decir la verdad entera. Porque sólo en eso pudo haber consistido la falta disciplinaria, si es que la hubo.
Este marino honesto y veraz recordó, en una carta publicada por "La Nación" el 5 del corriente, a propósito de la instalación de un Museo de la Memoria en instalaciones de la ESMA, que la "época de violencia y muerte no la inauguraron las Fuerzas Armadas, sino la guerrilla terrorista, que intentó tomar el poder para instalar una dictadura marxista".
Recordó también "los asesinatos de dirigentes gremiales como Vandor, Alonso, Rucci, Coria, así como los de miles de miembros de las Fuerzas Armadas y de seguridad y otros hombres, mujeres y niños"; que "Perón echó de la Plaza de Mayo a los montoneros y demás izquierdistas" y que "el peronismo dispuso aniquilar a la guerrilla hasta que no quedara señal de ella".
Se pregunta, además, si el museo sólo contendrá recuerdos de las víctimas de la represión o también de la subversión. Pregunta de antemano contestada, porque está en la voluntad del presidente Kirchner adular a los que añoran los años de esplendor del terrorismo: así piensa darle alguna personalidad al movimiento informe que intenta armar dentro del peronismo.
A ese designio protervo de volver a dividir la sociedad argentina está destinado el Museo. Bueno es, entonces, que un marino digno haya dado a sus superiores jerárquicos, el almirante Godoy y el presidente Kirchner, una lección de historia y de cuidado del honor de nuestra Armada.


LEERLO y PASARLO

(Circuló por INTERNET en Marzo de 2004)
Este es un mensaje para todos los argentinos: Mientras se desarrollaban los actos por el aniversario de la dictadura, en San Isidro velaban a Axel, secuestrado, torturado y asesinado por delincuentes; en Bernal interceptaron a Serrizuela, ex jugador del fútbol argentino, y lo pasearon por varios cajeros automáticos; en un templo de Rafael Calzada hirieron gravemente a un policía, mientras que en Lanús mataron a otro de un disparo en la nuca. Así podría llenar algunas carillas contando este tipo de episodios.
Solo en Capital Federal y el Gran Buenos Aires, asesinan un promedio de 20 personas por día. Si esto continua así, los políticos van a tener que organizar actos por los muertos civiles, asesinados por delincuentes impunes, que cada día tienen mas audacia y agresividad.
¿Sabes lo más grave de esto? Que no es descabellado pensar que el próximo puede ser tu hermano, tus padres, tu hijo, o VOS. Por eso tenemos que decir BASTA de una buena vez. Los piqueteros cortan todas las calles para pedir más "planes descansar". Nosotros tenemos un gran motivo para que nos escuchen. El martes 13 de abril a las 13.00 Hs. hagamos un bocinazo/cacerolazo para que la clase política se de cuenta que esta situación ya no se aguanta.
Por favor, si tenés conciencia reenviá este mensaje a todos tus contactos. Acordate, el próximo podes ser vos!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

Es fácil: MARTES 13 A LAS 13 HS.
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