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lunes, 11 de enero de 2010

"OTROSÍ" Nro. 31 – septiembre del 2001 EXTRAÑAS MUJERES

"OTROSÍ" Nro. 31 – septiembre del 2001

EXTRAÑAS MUJERES

La legislatura de la ciudad de Buenos Aires, entre las garras de la neoizquierda y de la residual de los 70', ha tomado una decisión que no por esperada es menos indignante e, incluso, grotesca. Sirve de cualquier manera para desenmascarar, por si hiciera falta, el talante ideológico de estos representantes del pueblo (al que, por lo demás, nunca consultan) pero que, puestos a gobernar, prefieren seguir dedicados a su nada inocente empresa de reinstalar en la memoria colectiva a sus héroes que es como legitimar y forzar la aceptación de sus principios.-

Nos referimos a la designación de trece mujeres ya fallecidas que, según el peculiar criterio de estos políticos - que en el fondo siguen siendo terroristas como lo demuestran en cada ocasión que pueden - han de ser consideradas "las mujeres más destacadas del siglo XX".-

Si reconocemos un cierto margen a la subjetividad, al gusto personal o al puro sentimentalismo, se podría aceptar - con mayor o menor reserva- algunos nombres que, pasado el tiempo, perdieron casi todo significado y que retienen sólo algún simbolismo que ya poco dice y significa para la mayoría de los contemporáneos. Tal el caso de la señora Eva Perón que - siendo todavía un enigma no resuelto - va deteriorando su perfil y su atractivo al punto que no admite una polémica que vaya más allá del ámbito académico; se la recuerda más que se la acepta porque ya no es un punto de referencia como lo fue, sin duda, en vida. Las pasiones se acallaron a su alrededor y sólo un espíritu travieso quiere resucitarla: emblema para unos y otros, ni tan grande ni tan miserable como se la vio en su tiempo, no merece hoy la discordia y tampoco nadie se la puede apropiar.-

Se puede pasar por alto asimismo la elección de una cancionista de tango, Rosita Melo, rescatada del recuerdo y de los archivos por otro espíritu zumbón dispuesto a insertarse en lo popular no comprometido. No merece reparo el honor que se le pretende reconocer a Rosario Vera Peñaloza, legendaria maestra que, sin embargo, no es homenajeada como a ella le hubiera gustado: con las aulas llenas de niños pendientes de la palabra de docentes cumplidores y responsables de sus tareas con más inquietudes pedagógicas que preocupaciones gremiales y más atentos a sus alumnos que a sus dirigentes sindicales.

Y podríamos preguntarnos también si María Luisa Bemberg, suave transgresora de las costumbres de la burguesía a la que gozosamente perteneció, merece ser signada como una de las mujeres del siglo XX. En realidad pareciera que la selección se hizo al boleo, como un intercambio de figuritas o una excusa que permitiera introducir a las restantes en un homenaje que nadie pidió y que fue una maniobra estética de esta izquierda que, gatoparda como es, se transforma para no cambiar, siempre acechante y astuta.-

Pero allí terminó la farsa. Porque se trató de una farsa consistente en confeccionar una lista de militantes de la izquierda entremezcladas con dos o tres poco objetables que dieran algún viso de imparcialidad a la selección. No se olvidaron siquiera de Alcira de la Peña, vieja, disciplinada y desdichada estalinista de otrora cuyos camaradas gramscianos de hoy deberían borrar de ser honestos. No podían faltar en tan luctuoso listado activas pero prescindibles militantes como Alicia Moreau de Justo y Fenia Chertkoff, sendas viudas de los fundadores del desvalido partido socialista. Y menos aun las emblemáticas Azucena Villaflor creadora de las Madres de Plaza de Mayo, Matilde Herrera, abuela del mismo lugar y la sospechosa Ana María Giacosa de la Liga de Amas de Casa que, por lo menos en su momento, se comportó como una cortina del partido comunista, fiel a Moscú.-

Se está claramente ante una trampa dialéctica - modesta si se quiere pero sugestiva - que consiste, como dijimos, en incorporar nombres nefastos provenientes del reciente terrorismo pero a los que, engañosamente, se los vincula con la represión como víctimas y por eso se los trae a colación. Se obliga a la ciudad a rendir culto a personas que la mayoría desconoce y que no pocos repudian. No es la primera ocasión que un gobierno ocasional de izquierda aprovecha la oportunidad cuando alcanza el gobierno - lo que tan pocas veces se le da - de invadir con sus apellidos queridos las calles de Buenos Aires. Jean Jaures posiblemente no sea recordado en su propio país con la prolijidad y empeño que sus correligionarios porteños le han dedicado.-


ESPAÑA Y LA ETA

La ETA es sinónimo de muerte e irracionalismo; imposibilitados de recurrir a la guerrilla rural se especializan en la urbana que practican con fruición salvaje. No decimos nada nuevo al respecto y sólo queremos señalar que la caída de un comando - por más exaltada que haya sido mediaticamente la importancia de la operación - no termina ni por asomo con el peligro del crimen organizado. Más organizado que nunca puesto que se han descubierto contactos con terrorismos de otros meridianos geográficos e ideológicos. ¿El marxismo los une? ¿Qué pueden tener de común un homicida irlandés con un criminal colombiano y un asesino vasco? Es decir que el terrorismo, al tiempo que tiende a expandirse, tiende asimismo y por necesidad a reunirse, aportando fuerzas y experiencias a una desconocida causa universal que los unifica y confunde viniere de donde viniere.-

El problema (el drama) - cada vez más acuciante - se globaliza, pues. Esta es una realidad que no se puede eludir ni disimular.

La primera pregunta razonable es ¿porqué?, la segunda es ¿cómo?, la tercera ¿para qué?.

Se comprende que haya una reacción más o menos organizada y general contra la otra globalización, la económica, la hipercapitalista, ésa que nadie conoce ni reconoce sino cuando ya lo asfixió. La simple conjetura de que se está ante un combate entre dos globalizaciones, dos legitimidades contrarias en lucha - dos, sólo dos, sin alternativa - y que se disputan el futuro de la humanidad tal vez por cientos de años, causa espanto. De ser así, la civilización habría caído en sus más bajos niveles de los últimos dos milenios.-

Pero volvamos, después de esta disquisición, al terrorismo vasco que presenta algunos rasgos similares al caso argentino y, por lo tanto, al modo de enfrentarlo. La ETA, mientras desarrolla su estrategia terrorista, intenta transitar los carriles políticos, es decir que juega a dos puntas; sin importarle las dobles posiciones ni las contradicciones.

Porque ¿en nombre de qué o de quienes actúa, a qué o a quienes representa cuando mata y destruye indiscriminadamente si su partido oficial - aceptado por el sistema que hace como que no se da cuenta - se presenta a elecciones no consiguiendo pasar de una minoría constante?.

¿Cuál es el verdadero sentimiento vasco, el que se refleja en los atentados o el que se manifiesta en los comicios? En todo caso ¿qué derecho surge a favor del terrorismo institucionalizado de una u otra opción? ¿Son más vascos los vascos que ponen bombas o aquellos que prefieren simplemente sufragar?

España se deja engañar paralizándose ante el espectáculo interminable de muertos y mutilados como si se tratara de una tragedia misteriosa a descifrar por las leyes de la política y a resolver por las del derecho. No se quiere o no se puede admitir que en determinadas condiciones - pese a la buena voluntad de los dirigentes, a la bonanza de la economía y a la correcta práctica de la democracia - el Estado de Derecho se vuelve incapaz de defenderse e imposibilitado de sobrevivir. Eso ocurre cuando la violencia, esparcida por la sociedad, se pierde para el monopolio del poder político y empieza a ser utilizada por segmentos particulares. Se vuelve al estado del hombre lobo del hombre ¿Qué hacer entonces?

La sabiduría de los romanos nos dejó enseñado que la ley máxima de una sociedad es la salud de la república. Con lo que se está diciendo que las formalidades jurídicas pueden llegar a ser trampas mortales en determinadas situaciones límites, que el derecho no puede ser aplicado de igual manera y con el mismo respeto en tiempos de guerra y en tiempos de paz, que la ley no ha de desvincularse del concreto contexto político (y eventualmente militar) en que se da porque el fin de la política es la paz que, a su vez, requiere de la justicia al igual que ocurre con el derecho.
Una legislación, por más prolija y extrema que sea - en especial si alcanza al preciosismo al que tantos juristas son sospechosamente afectos - no puede prescindir del momento histórico de su vigencia porque sino empezaría a girar en el vacío y se volvería contradictorio y contraproducente, no cumpliría su función -que es, ni más ni menos, que la de resguardar el orden total, incluido el ético - porque se tornaría una dificultad más que un aporte a la defensa de la sociedad agredida.-

En tiempos de revolución - una larga y triste experiencia así lo acredita sobradamente - las reglas de juego cambian y nadie puede pretender - menos que nadie los agresores - invocar un derecho que son los primeros en desconocer. En los años revolucionarios - conviene no olvidarlo nunca - la excepción puede volverse norma. Aunque también es preciso recordar que el abuso es siempre repudiable y que no debe generalizarse.

La noción de terrorismo de estado es, a la par que una fórmula equívoca un sin - sentido jurídico y político, porque no hay razón para acotar al poder legítimo a la hora de la batalla.-

Por eso en un momento dado el Estado policial debe transformarse en uno propiamente militar con las características y exigencias de tal. Esto no es - no quiere o no puede - ser comprendido por el Reino de España, atenazado por el recuerdo de guerra civil de medio siglo atrás y por el ejercicio de un poder sospechado de antemano .

La ETA se beneficia de semejante circunstancia histórica, error por el que no encuentra más que una resistencia pasiva y retórica que consiste en manifestaciones masivas luego de cada crimen y en repudios formales que de forma alguna traban su accionar.

La ETA, como hace todo terrorismo, se instaló en el interior de una sociedad arruinando la convivencia y desplazando la racionalidad. No se puede esperar en esa ocasión del Estado que se comporte como un gendarme cuidadoso de los derechos de los agraviantes en desmedro de los derechos de los agraviados.

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Dr. Víctor Eduardo Ordóñez
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