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martes, 5 de enero de 2010

"OTROSÍ" Nro. 30 – julio del 2001 "EL RETORNO"

"OTROSÍ" Nro. 30 – julio del 2001

"EL RETORNO"
Volvieron los Montoneros. Lo hicieron como es habitual en estos pandilleros: sin remordimiento, sin contracción, casi con ingenuidad y especulando con el olvido y la desinformación. Traen un discurso barato, al parecer nuevo y quieren instalarse como movimiento en la democracia argentina y en esto se diferencian de los asesinos de las otras bandas que optaron por el retorno individual y en el marco de partidos ya instalados, preferentemente ganadores, que les abrieron las puertas sin mayores prejuicios.-

¿Formarán una agrupación política convencional como lo prometieron? Suponiendo que puedan llegar a hacerlo diremos desde ya que no importa mucho puesto que su programa no significa para ellos un compromiso ni constituye una genuina oferta electoral porque es más lo que ocultan que l que declaran. Es apenas una excusa para la reinserción en una democracia enferma y en una sociedad fracturada.

El hecho que afirmen que no recurrirán a la violencia - "porque el actual es otro contexto" - nos lleva a una doble reflexión. Primero que no es creíble porque en la inteligencia montonera el terror tiene algo de salvajemente gratuito y erótico, casi como un fin en sí mismo. En segundo lugar semejante pronunciamiento debe ser tomado como una atroz reivindicación de la violencia empleada pocas décadas atrás. Así es porque se recurre con esta aseveración a un concepto relativista de la moral: lo que estaba bien ayer puede estar mal hoy pero también al revés. No es el daño causado ni el mal practicado lo que lleva a los montoneros a un cambio de actitud sino un criterio pragmático, una consideración estratégica.

Pareciera que la razón última de su accionar sea un fantasioso revolucionarismo sin objetivo determinado, una energía alocada que se satisface a través de un periplo siempre abierto. Una demencia nietzscheana que sigue inspirando a estos jóvenes y adultos que saltan del homicidio torvo a la alegre convivencia sin distinguir el bien del mal ¿Hemos de confiar en ellos?

Tanto montoneros como piqueteros -profundamente emparentados, paralelos y afines- son como esas aves de carroña que merodean en torno al cuerpo exánime; sólo que este cuerpo es el argentino.-

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"VOLVER A EMPEZAR"

El estallido social está a la vuelta de la esquina. No faltan motivos ni razones para que la inquietud se transforme en desesperación y el desconcierto en rabia.

El plan de ajuste que anunció el gobierno - y que se procura llevar a cabo con disciplinada técnica, la mayor inescrupulosidad legal y la peor insensibilidad social, en cuya virtud los muchos pagarán la fiesta de los pocos - ha creado un clima más que enrarecido,, explosivo. Nunca como antes la injusticia, la desaprensión y la inequidad se hicieron protagonistas y dueñas de la escena; en estas circunstancias no es de extrañar que la izquierda - o la nueva izquierda como C. M. Acuña la llama - se hizo presente como eco de la situación, por un lado y por el otro como adelantada de la acción terrorista de la Fuerza Revolucionaria de Colombia (FARC) cuyos representantes hace tiempo que circulan libremente por todo el país tejiendo redes y contactos a todo nivel (incluyendo al ex presidente Alfonsín).

Es llegado el momento de los piqueteros escandalosos y delincuentes ¿Cómo definirlos? No se exagera si se dice que son agentes de la vanguardia de aquel terrorismo que muchos creyeron (y otros hicieron creer) se había retirado, derrotado, ya hacia finales de los 70. Nosotros nunca lo aceptamos por la simple y evidente razón que ellos, sus voceros, defensores y/o descendientes continuaban librando exitosa batalla de posguerra como si el terror no hubiese tenido lugar o, en todo caso, se tratara de un episodio insignificante del pasado que, se suponía o se hacía suponer, había terminado pero que fue justificado.

No teníamos porqué creerlo puesto que nadie dio satisfacción, nadie explicó lo que había acaecido, nadie se hizo cargo de la sangre derramada, nadie mostró arrepentimiento ni voluntad de reparar. En cambio los que se quedaron y los que se fueron enderezaron sus esfuerzos en tres direcciones concordantes: reinserción (que consiguieron mediante la impunidad que les aseguró la clase política), reparación (obtuvieron jugosas sumas dinerarias por presuntos perjuicios sufridos) y reivindicación (alcanzada merced a una amplia, injusta y falaz cobertura mediática).-
Falta la cuarta rueda del carro, a saber su continuación que es precisamente la actual etapa. Son los piqueteros que no sólo adoptan su ideología -bien que tosca y confusa- su discurso y sus modales sino sus procedimientos. Están proponiendo un proceso progresivo de violencia empezando por los cortes de ruta y la agresión a las fuerzas de seguridad, oscilando entre el terrorismo urbano y rural.

En realidad no se compadecen de los pobres sino que los explotan lanzándolos a una nueva lucha al utilizarlos como carne de cañón según sus antiguas prácticas. Ya algunos de sus jefes anunciaron que si va la Gendarmería a desalojarlos "le pondrán sus pechos"; se sobreentiende que los de su tropa de desocupados y de cuasi "barras bravas". Un desafío que, por lo mismo que para los dirigentes no les significará un riesgo cierto, hay que tomar muy en serio.-

Descontada la validez de los reclamos por mejores salarios y mayores puestos de trabajo, no puede menos que indignar el manipuleo insolente y anticaritativo a que se somete a estos marginales que son los "vencidos del sistema" como los apostrofan los teóricos del hipercapitalismo que, de alguna manera, es el que le proporciona excusa y contenido a la nueva subversión. Por supuesto que usados como lo están siendo, no mejorarán su condición pero, en cambio, servirán para embatir contra el orden institucional y legal al que golpearán en sus mismas raíces destruyendo sus mecanismos de funcionamiento, abatiendo a sus organismos formales y sobrepasando a los informales, tan necesarios y legítimos como aquellos aun a pesar de sí.

He aquí porqué no se tolera a ninguna CGT, ni a la oficial ni a la disidente (Moyano fue abucheado en la Cumbre Piquetera). Hacen lo peor: ideologizar una causa justa.-

Se ha quebrado, por lo pronto, el régimen de representación, ya frágil e, incluso, ficticio e inservible desde hace tiempo. Los partidos no representan a la sociedad en cuyo nombre se legitiman y actúan, carecen - oligárquicos y monopólicos como son - de funcionalidad, son ficciones, apariencias, instrumentos lobbystas en algunos casos o vehículos de ideologías en otros. Pues bien, el movimiento piquetero los ha desplazado o amenaza hacerlo, ha abierto rutas por afuera de su ordenamiento y presionan, como lo demuestran los últimos acontecimientos, sobre el más elevado nivel de decisión.

Hoy los políticos o bien se les suman (por afinidad o necesidad propia) o bien negocian con ellos asimismo por afinidad o necesidad. Dijo bien el piquetero D'Elía cuando reconoció que su movimiento era legítimo porque había sido recibido por la ministra Bullrich, al fin y al cabo del mismo palo. Esa entrevista - que, como surrealista culminación, terminó con una proclama reiterando los propósitos y programas de los revoltosos, dada desde el salón mismo del ministerio de Trabajo - no debió haber tenido lugar nunca porque, en efecto, el gesto de consenso que buscó el gobierno con ese acercamiento constituyó una lesión al orden jurídico, un reconocimiento a los transgresores, una convalidación de la violencia y una clausura de los caminos legales que aun se encuentran expeditos en la república. Esta actitud del gobierno es algo peor que una expresión de debilidad, es un golpe al Estado de Derecho y una nueva muestra de parálisis, de fractura interna y de desorientación.-

Porque se niega la evidencia presente y se ignora la experiencia pasada, la más remota y la más próxima. Recuérdese que Fidel Castro dispuso la primera invasión guerrillera del país aprovechando la extraordinaria debilidad del entonces presidente Arturo Illia; este es un dato fuertemente indicativo para saber a qué atenerse en la actualidad: un gobierno a la deriva, un presidente desgastado, un estado sin representatividad, una clase política desprestigiada y sin liderazgo, una situación socioeconómica crítica que tiende a agravarse, son todos factores concurrentes que se repiten treinta años después y que dan lugar a las mismas estrategia y táctica cambiando sólo los nombres y las excusas. No hay alternativas dentro del sistema democrático - liberal que se agota en sí mismo, todo se reitera - problemas y respuestas - y, por lo tanto, se cometen los mismos errores porque no se aprendió nada.-

Y para aprovechar tamaño déficit y semejante complicidad, llegan los Montoneros de la mano de Mario Firmenich y de sus allegados. No es, por supuesto, casual, este retorno anunciado al poco tiempo de la realización de la cumbre piquetera en La Matanza; la coordinación es notoria y natural y sólo una complacencia suicida o una infiltración descarada (la Bullrich negociando, Cafiero aplaudiendo aun en el curso de la primera jornada: fue un desafío) o una ceguera conformista (la pasividad de De la Rúa y la estolidez de su ministro Mestre) pueden explicar tanta tolerancia que arrastrará al país a un peligro tan límite en lo político como el que lo acecha en lo económico. Los mismos actores, iguales circunstancias, idénticos métodos ¿qué esperar para comprender?

Ya no se sueña con masas que se alzan al nombre del Che Guevara ni con enfrentamientos clasistas ni se despotrica contra los patrones. Se prefiere - como señala en un indispensable artículo Carlos Acuña en "La Nueva Provincia" del 24/6 - la lucha contra el modelo y la reunión en un solo organismo de los distintos estamentos sociales afectados por el mismo. Las bases de unificación son amplias: desempleo, falta de solidaridad, la inseguridad económica, la aparición de una neoligarquía despiadada dispuesta a todo para mantener sus privilegios. Pero esta izquierda terrorista no se deja llamar así ni predica la violencia franca; por ahora sólo amenaza con introducirla de una forma "moderada" y solapada, buscando sino comprensión sí tolerancia y esperando que la gente - aun la perjudicada por los cortes - admita o tolere estas protestas cuya gravedad no consiste en que son fastidiosas sino que constituyen una puerta y un anticipo de una violencia en escalada.-

Por eso es que se excluyó de la actividad al "perro" Santillán que, heredero de Santucho, insiste en plantear el conflicto como una lucha de clases, lo que eventualmente podría darse en las provincias más pequeñas y pobres pero no en los grandes centros porque en éstos los perjudicados por el modelo se ubican en todos los estratos.-

Otro aspecto disolvente de la actitud de los piqueteros y la pasividad del gobierno reside en que aquellos pretenden quedar al margen del derecho penal que han infringido; piden la libertad y el desprocesamiento de los dirigentes detenidos y encausados por delitos comunes como lesiones, daños y privación ilegítima de la libertad entre otros (tal vez homicidio).

De aceptarse tales reclamos - que forman parte de un paquete único de actividades que se niegan a dividir - se estaría creando un "status" jurídico especial para estos delincuentes que se dan el lujo de informar a la sociedad que formaron una asociación ilícita y presta a empezar a funcionar el 31 de julio en 50 lugares del país elegidos por ellos.

Se estaría, pues, ante el principio de disolución del Estado como tal ya que habría perdido el monopolio de la fuerza que es una de sus propiedades esenciales; a partir de ahora ha de convivir con otro similar y paralelo. La distribución de justicia también quedaría a cargo del nuevo estado junto con el control del tránsito.

En un momento, inesperadamente, surgió un poder desde la nada, desde fuera de la comunidad, en nombre de no se sabe qué principio ni qué legalidad; en rigor se trataría de un retroceso a la selva donde triunfará el más fuerte, es decir el que tenga convicciones más hondas. La sociedad, por lo demás, perdió a sus mejores defensores entre expedientes judiciales y comunicadores sociales.-

FOTOCOPIE Y DISTRIBUYA
Dr. Víctor Eduardo Ordóñez
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