lunes 30 de noviembre de 2009

"OTROSÍ" Nro. 24 – noviembre del 2000 El terrorismo entre nosotros

"OTROSÍ" Nro. 24 – noviembre del 2000

El terrorismo entre nosotros

Los sucesos de Tartagal ya no dejan lugar a dudas. El terrorismo de veinte años atrás se ha reinstalado en el país y más nos conviene no ignorarlo. Por supuesto a nadie se le escapa que la situación social y económica es sumamente crítica en especial en el interior.

Pero no sólo no justifica sino que no explica semejante estallido de violencia y de destrucción porque estas reacciones nunca se producen espontáneamente, por lo menos de un modo tan organizado. Para que se lleguen a semejantes desmanes se precisa de una cabeza ordenadora, de una estructura por mínima que sea, de una táctica, de una simultaneidad y de una gimnasia activista predeterminadas que el pueblo llano -por indignado que se encuentre- no tiene y hasta podríamos decir que no necesita.

Por ejemplo, el afán de apropiarse de las armas de la escasa policía que reprimió, los movimientos casi militares con que fueron asaltados objetivos fijados de antemano, la dureza con que se secuestró a cuatro oficiales tomados como rehenes y que fueron cruelmente utilizados en la negociación, la saña con que se persiguió e hirió por las calles a otros representantes del orden, son elementos a tener en cuenta para determinar el origen y la responsabilidad de los tumultos.

La inviabilidad del extenso petitorio presentado a las autoridades donde se entremezclan proyectos fastuosos (u$s 2.000 millones para reactivar la zona) con la solicitud de una modesta motobomba, es indicio de dos cosas: 1) los reclamos fueron redactados a la disparada, irreflexiva y demagógicamente y sin atender a las necesidades concretas de los vecinos, casi como una chiquillería y una burla y 2) con la seguridad que los puntos en su mayoría no iban a ser aceptados de modo de dejar abierto el espacio para ulteriores quejas y consiguientes desórdenes: se dejaban pendientes las condiciones para nuevos vandalismos.- Que, por vía de la negociación, quedaron impunes.-

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Otra vez las Madres

En su página de Internet, esa extraña mezcla de delirantes y delincuentes que se hacen llamar Madres de Plaza de Mayo, manifestaron una vez más su apoyo a la ETA, lo que quiere decir explícitamente a sus métodos criminales.

Apoyo que significa solidaridad, complacencia y complicidad con esa organización que lleva ya más de un cuarto de siglo matando gente en España (en lo que va del año a veinte y no bizarramente, al estilo de la raza sino mediante atentados individuales y clandestinos, desde las sombras donde casi nunca se corren riesgos); la mata al azar, eligiendo probablemente a la víctima más desprotegida, es decir a la más fácil de cobrar y sin otro sentido que el de hacerse sentir, imponer su presencia atroz, atemorizar al resto de la sociedad, introducir el terror y junto con el terror la desorientación.

Como en todos los casos de terrorismo masivo y sistemático que se conoce y practica en Occidente carece de un programa concreto ni de un discurso racional; todo es proclama abstrusa, dialectismo barato, llamado a los más bajos instintos del ser humano y así como hay una industria de la droga y otra de la pornografía, existe esta del crimen pero del crimen por el crimen que, de esta manera, se constituye como un fin en sí mismo, como un método que se justifica y explica a sí sin necesidad de proponer un objetivo último.

Se trata por lo tanto de una suerte de estética de la muerte como si ésta fuera la razón de la política.

Las siniestras Madres (jamás un nombre tan conmovedor y convocante ha sido tan perversa y contradictoriamente prostituido) se solidarizaron, pues, de un modo público y expreso con semejante banda que mata por matar, patología compartida con los hijos de estas señoras que al reclamar por ellos reivindican tales métodos e ideales: el ideal demoníaco de asesinar y gozarse con ese espectáculo a sabiendas que detrás no hay programa a aplicar ni bien a perseguir.

De esto se trata, precisamente.. Apoyar a la ETA, protestar por lo mismo que sus miembros lo hacen, adoptar sus propuestas carniceras y antropofágicas es transmitir idéntico mensaje a la sociedad argentina a la que, de esta manera, agreden concretamente.

Las Madres quieren decir: nosotras estamos dispuestas a hacer en nuestro país lo que la ETA hace en España, nosotras y nuestros descendientes si estuvieran aun vivos (muchos lo están) seguimos dispuestas a reimplantar ese horror de veinte años atrás; queremos, entonces, volver a recurrir a aquella metodología que hacemos nuestra y con la que amenazamos tornar como lo acredita esta pública adhesión.-

Ahora bien, salen a la luz a raíz de la imprudencia de ese energúmeno que en la historia de la demencia argentina se conoce como Hebe de Bonafini; un dato curioso, sugestivo y alarmante: varias instituciones de la península -sin duda, embobadas por el carisma de víctimas que le compraron a las Madres y, posiblemente, a las Abuelas y, quien sabe, a los Hijos- venían subsidiando jugosamente a semejante organismo de derechos humanos.

Molestas por las declaraciones -intempestivas pero sin duda sinceras- de las Madres decidieron suprimir tales aportes, a lo menos hasta que pidan disculpas. No queremos caer en la obvia grosería de decir que se trata de un chiste gallego pero es que se necesita ingenuidad (en la que no creemos), desconocimiento (también difícil de admitir, de los hechos) o, más probablemente, mala fe para no haber advertido la sinceridad de la prédica ni la índole de la cultura ni el contenido de la ética de las beneficiarias de su generosidad.

Fue preciso que las Madres se lo dijeran claramente y no sólo de palabra sino de un modo fáctico para que se enteraran, lo que no quiere decir que lo hayan llegado a comprender.

¿Qué hacen los servicios de inteligencia de Madrid, qué sus representantes diplomáticos, qué sus abundantes connacionales que pueblan nuestra tierra? ¿Es que sólo les interesan sus negocios, para los que tan diestros se muestran hoy día?

Pues bien, es hora que se enteren que los defensores de los derechos humanos que les llegaron desde el Río de la Plata son como sus etarras, así de homicidas y de perversos y que los garzones que pululan por sus tribunales son sus cómplices y sus legitimantes.-

Mientras y convocadas por la embajada se reunieron en Buenos Aires unas 500 personas para protestar contra otro atentado de la ETA que costó tres vidas humanas y más de 60 heridos. Fue, una vez más, un ritual, cómodo e inofensivo como los que se llevan a cabo en la propia España después de cada salvajada, al parecer siempre a la espera y en la suposición que se tratará de la última. Inocencia que, además de contradecirse con la experiencia de los 25 años precedentes, coloca al Reino en los bordes mismos del suicidio.

No es nuestro propósito ni nuestro tema incursionar en los conflictos internos de la bien amada y decadente España - que tras haber perdido un imperio se muestra incapaz de conservar la metrópoli- pero sí hemos de insistir en que esta actitud de las Madres no es en modo alguno imprevisto, ilógico ni improvisado; por el contrario responde a su ideario -que no ocultan sino que proclaman a voz en cuello cada vez que pueden-, a su estilo y a lo más íntimo y propio de su naturaleza de terroristas revolucionarias que -ahora lo confirman- están dispuestas a poner en práctica en la Argentina, proyecto al que, por lo que vemos, jamás renunciaron.
Se ha de saber, pues, que las madres -reservorio que son de las antiguas organizaciones subversivas- cobijan, conservan y alimentan (o realimentan) ese ideario nihilista, demencial y delictivo de sus hijos a los que reivindican y continúan.-

Podemos dejar de lado -simplemente lo señalamos como un indicio de la picardía con que estas sufrientes defensoras de los derechos humanos administran sus intereses ideológicos y de los otros- la rapidez de reacción de la llamada "línea fundadora" de las Madres las cuales se apresuraron a tomar distancia del núcleo de la de Bonafini y de sus exabruptos. Lo hicieron no tanto por razones de imagen como por el monto de los aportes dinerarios puestos en riesgo por la excesivamente bizarra mencionada señora. Como se sabe, el odio suele dejar espacio al cálculo.-

Esta vez las Madres fueron demasiado lejos y pocos decidieron acompañarlas. Incluso algunos -como los círculos españoles que nombramos, un poco tardos en apreciar la realidad- decidieron tomar distancia aceptando la evidencia más que los alaridos.

¿Qué país nos tenían preparado las "víctimas" (esto es, los derrotados) de la represión si sus progenitoras actúan y reaccionan de esta manera afrentosa para la humanidad?

Apliquemos un silogismo sencillo e incontrovertible. Los miembros de la ETA asesinan indiscriminadamente ejerciendo un terror sin límites. Sus congéneres del pañuelo de este lado del océano se solidarizan con ellos ¿con sus ideales? De ninguna manera puesto que no les incumben ni los deben conocer; lo que, en cambio, hacen suyo es su metodología, sus medios, sus recursos, sus odios gratuitos, su perversión insana, asumiendo la misma responsabilidad ética (y si algún fiscal, de los tan quisquillosos que hay, se decide a actuar también jurídica).

Luego, todos aquellos que de alguna forma y en cualquier medida y sentido se identifiquen con estos vascos lunáticos son tan criminales como ellos. Ha dejado, pues, de ser inocente en la Argentina la simpatía para con las Madres y ha empezado a significar algo más que una postura sin compromiso o un fácil declaracionismo, una conducta políticamente correcta de nuestra clase política e intelectual y de los medios.

Es sonada la hora que cada cual se haga cargo de sus palabras y afinidades y que se comprenda que quien defiende la violencia por la violencia está indicando que está dispuesto y en condiciones de practicarla. Otra cosa es cobardía, hipocresía o complicidad oculta.-

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jueves 26 de noviembre de 2009

"OTROSÍ" Nro. 23 – octubre del 2000 SIETE VECES NO

"OTROSÍ" Nro. 23 – octubre del 2000

SIETE VECES NO

El comandante en Jefe del Ejército general Ricardo Brinzoni acaba de interponer su primer pedido de perdón y el séptimo que su dirigencia le obliga a hacer desde que el anterior jefe tomó tan desdichada iniciativa en abril de 1995. Dando por sentada la sinceridad de esta nueva solicitud –formulada en ocasión de celebrarse el Día de la Infantería- adelantaremos dos reflexiones que se nos ocurren sobre este episodio que es más grave y más de lamentar de lo que se supone.-

En primer lugar la oportunidad elegida no puede ser menos feliz ni propicia. No importa que la intención del alto jefe militar haya sido, como lo declaró, colocarse en línea con la postura de la Iglesia que, a su vez, había solicitado idéntico perdón a Dios –por lo menos no a los terroristas, descendientes y ascendientes- por la intervención que les pudo haber cabido a algunos de sus miembros en la violencia de los años 70.

Semejante actitud de la Jerarquía católica – que, por lo demás, no obliga a nada ni a nadie - es de suyo harto discutible y no tiene porqué forzar al Ejército a hacer lo mismo. Pero si lo hizo fue porque había (y hay) detrás un espíritu que así lo inspira y autoriza, un sentimiento de abdicación, una confusión muy de fondo que empuja a los responsables actuales a replantearse las razones de la guerra subversiva y, en especial, de la antisubversiva; como si sufrieran una mala conciencia que, en definitiva, pone en cuestión la legitimidad de la guerra misma y, más aun, la de los valores atacados y defendidos.

Con declaraciones como la que comentamos el Ejército argentino –que tantas pruebas de coraje y de heroísmo, de vocación nacional, de capacidad de sacrificio y de inteligencia histórica dio durante dos décadas a un alto precio- acepta "empantanarse ", caer en el atolladero que le tendieron sus enemigos de entonces haciendo girar la cuestión total, como si fuera el único o principal aspecto a considerar, en torno al tema de los derechos humanos

¿Cómo insistir en un tema particular olvidando o pasando por alto el central que es el de la subversión en sí y su salvaje utilización del terror indiscriminado? ¿Cómo y porqué admitir tal planteamiento y tal acotamiento de la realidad, cómo no advertir que se trata de una trampa dialéctica de la que no se sale sino en los términos en que el enemigo, derrotado por las armas, quiere, impone y necesita? Así, para decirlo llanamente, se está haciendo el juego al enemigo, tal vez no con la intencionalidad del anterior comandante Balza –un hombre enlodado más allá de lo admisible- pero sí con la frivolidad o, si se prefiere, la superficialidad de sentirse culpable no siéndolo y pedir perdón por haber ganado la guerra.-

Y hay que decirlo de una vez por todas: el problema de la metodología empleada – sin duda cruel pero condigna con el peligro que se enfrentaba, también riesgosa porque daba lugar, como efectivamente ocurrió, a multitud de abusos que por cierto son de lamentar y que requieren justo castigo - debe ser resuelta en un momento más oportuno y propicio, cuando las pasiones, los intereses y las subjetividades se hayan calmado y la sociedad, sin presiones deformantes ni versiones deformadas, pueda contemplar y juzgar lo acaecido. Mientras tanto ahora sólo se procede según el criterio del ocasional e inesperado vencedor en una guerra que dejó de ser militar para convertirse en mediática.-

Por esto es que actitudes como la del general Brinzoni –sin entrar a prejuzgar sobre su buena voluntad o sobre el cálculo político o la preocupación ética que sostienen su comportamiento- debilitan y confunden a la institución y a la población, a los protagonistas de la lucha y a sus testigos.

¡Tender la mano al enemigo vencido que, SOBERBIAMENTE la rechaza! Por ejemplo, apenas pronunciado el espectacular pedido de perdón de los obispos argentinos, las infatigables Abuelas virtualmente también lo rechazaron al declararlo "insuficiente". Es que el enemigo –corporizado y continuado en este tipo de organizaciones oficiales y semioficiales- nunca se dará por satisfecho y siempre esperará y exigirá más.

Por lo tanto es inútil e inclusos suicida aceptar y jugar esa dialéctica de reconocimiento y compensación. Ese enemigo –que tan dispuesto estuvo a envolver al país en un el peor baño de sangre del siglo- no va a aceptar una paz que no le sea entera y definitivamente favorable, no tolerará treguas ni otros resultados que signifiquen el triunfo total. Y por eso es que inventa o fuerza cualquier vía judicial o legal por estrafalaria que sea, como los "juicios de la verdad" y la persecución de militares argentinos por jueces sin derecho, verdaderos perros de presa de una judicatura globalizada. No se detiene ese enemigo-al que el general Brinzoni se esmera en acercarse sobándole el lomo en la esperanza que se reconcilie- ni siquiera ante la violación de nuestra soberanía que es lo que sucede ante la pasmosa indiferencia del gobierno y de la clase política con la detención del mayor Olivera en Italia y del capitán Cavallo en Méjico. Aunque, dicho sea de paso, no es de extrañar que así ocurra puesto que hay ministros como Graciela Fernández Meijide y altos dirigentes como Alfonsín que reclamaron en su momento la intervención de jueces extranjeros para apresar a compatriotas que los habían enfrentado y por este sólo hecho. Este desconocimiento, esta lesión gravísima de nuestra soberanía, ¿no lo afecta, no lo mortifica al general Brinzoni encargado de su defensa?

El Comandante del Ejército debe comprender que la ofensiva no ha cesado, que el desarme moral e intelectual de la institución es precipitado, que el enemigo sigue despierto aunque agazapado y que no tiene la menor intención ni la menor motivación para estrechar la mano que con más ingenuidad que generosidad se le tiende.

DEBE ENTENDER Y ACEPTAR QUE LA GUERRA CONTINUA, bajo otra forma, con otras consignas y otras estridencias y con otros medios pero continúa y es suicida ignorarlo. El Enemigo continúa agazapado y sin pizca de arrepentimiento. Y además ha de entender que somete a la institución de la que es último y real responsable, a una humillación que producirá dos efectos catastróficos: no sólo desmoralizará para el futuro a los soldados sino que ilegitimará retroactivamente la causa bélica invocada. –

EL PODER AL SERVICIO DE LA SUBVERSION

En la historia de la bellaquería argentina, Aníbal Ibarra –jefe de la ciudad de Buenos Aires, notorio izquierdista y escondido beneficiario de las indemnizaciones pagadas a antiguos terroristas- ocupará, luego de su paso por los tribunales romanos, un lugar destacado como pocos.

En efecto, de paso por Italia se presentó ante la justicia de este país para solicitar que se reviera la sentencia que impidió la extradición del mayor argentino Jorge Olivera a Francia. Se basa para sostener su pretensión en que el certificado de defunción de la joven Erize –muerte que le fuera atribuida sin más y en base a dichos de supuestos testigos inubicables- sería falso; se articuló una complicada explicación cuyos vacíos se llenaron con presunciones e imaginación.

No pretenderá Ibarra que se le crea cuando dice estar movido por un afán legalista o por vocación de justicia. Está claro que no son estos los movimientos que sostienen a un hombre tan comprometido ideológicamente con la violencia que el sector al que perteneció (y al que, de alguna manera, aun pertenece) desencadenó cuando él era un joven "romántico" y, por supuesto, bien intencionado.

Sigue siendo un instrumento de esa misma banda, como lo demuestra el comportamiento que indicamos pues, de no ser así, ¿cómo explica su indiferencia, satisfacción o aprobación de lo que jueces como Garzón están llevando a cabo contra ciudadanos argentinos que, por su culpa y prepotencia, tienen a su país como cárcel? Es abogado y sabe (o debiera saber) que no hay en el mundo tribunal con competencia ni jurisdicción para conocer de los delitos –ciertos o presuntos- cometido por argentinos en el territorio nacional, CUALQUIERA SEA LA NATURALEZA DE LOS MISMOS y aun dando por probada su existencia. Y estamos en condiciones de demostrárselo.-

Es siniestro que Ibarra continúe al servicio de su ideario y de su estrategia izquierdistas, que él preferiría que se llame progresista. Prolonga desde su función pública su actuación disolvente de los años en que era estudiante y, luego, fiscal. Un personaje así, que piensa como hombre de secta, no puede hacerse cargo de su responsabilidad de gobernante que, por definición, es responsable del Bien Común y no de la Revolución. Claro que toda la bancada porteña del FREPASO incurre en la misma confusión.-

Fue necesaria la casi pública presión de EE. UU. sobre el gobierno argentino respecto al llamado Plan Colombia para que éste reaccionara –aunque sea aparentemente- ante la denunciada una y otra vez presencia del virtual embajador de las FARC en el país, un tal Calderón y al que nos hemos referido en otra oportunidad.

Es increíble que se haya tenido que llegar a estos extremos para que nuestros infiltrados servicios de inteligencia –llenos de chicos o no tan chicos de la FUBA y de gente del izquierdista Coti Nosiglia, hoy en el centro del poder- hayan advertido y mostrado cierta preocupación (de dudosa sinceridad) por la actividad del personero del terror entre nosotros que no deja de evocarnos nuestros los años de nuestro propio terror.-

Indispensable

Apareció el libro de Carlos Manuel Acuña "Por amor al odio"; un acierto desde su título. No podemos comentarlo por su extensión e importancia aunque lo pensamos utilizar abundante y provechosamente. Es el libro que hacía falta no sólo para los historiadores de mañana sino para los testigos de hoy por lo general tan desorientados. Estudia con abrumadora minuciosidad todo el fenómeno subversivo desde sus orígenes, allá en Sierra Maestra, hasta el golpe del 76. Queda, como se ve, mucho por decir que será materia de una segunda parte que –así lo deseamos- será tan exhaustiva como ésta.-

Nada queda fuera de su enfoque: ni el contexto internacional en que se ubica su génesis ni su semillero ideológico ni sus afinidades y conexiones, métodos y tácticas. Para decirlo todo se trata de un libro indispensable tanto para el estudioso sereno como para el protagonista de cualquier ribera de la guerra.

No se piense ni por asomo que se está ante un trabajo comprometido con alguno de los contendientes ni de posición tomada de antemano; simplemente es un esfuerzo de erudición y síntesis que reúne cuanto material historiográfico pueda interesar, cuanto dato importe, cuanta interpretación corresponda científicamente.

Queremos decir que es exactamente lo contrario de un panfleto – por otra parte, muy voluminoso para serlo- es un aporte serio que a todos hará bien, incluso a los actores del terrorismo marxista de entonces que tendrán así la perspectiva objetiva para meditar su comportamiento y, acaso, para reflexionar sino ética por lo menos políticamente para de esa forma detectar los "errores" cometidos, ellos que, por supuesto, no soportan la noción de pecado.-

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sábado 21 de noviembre de 2009

"OTROSÍ" Nro. 22 – Septiembre del 2000 Carta a la señora de Carlotto:

"OTROSÍ" Nro. 22 – Septiembre del 2000

Carta a la señora de Carlotto:

No caeré en la protocolar hipocresía de iniciar esta misiva precediendo su nombre del adjetivo "estimada" o de una expresión del tipo "de mi consideración". Sería falso.

Sólo quiero dirigirme a Vd. para manifestarle mi opinión no tanto sobre su persona (ya que no la conozco) sino sobre su comportamiento puesto de manifiesto en esta caza insaciable y vengativa que su organización viene realizando despiadadamente desde hace años sin detenerse en los dolores y traumas que causan.

Todo precio le parece escaso para satisfacer su extraña y patológica vocación de revancha. Porque antes que nada, señora de Carlotto, no pretenderá que se le crea cuando dice actuar por justicia y amor. En realidad, Vd. sólo busca continuar por otros métodos la misma guerra iniciada dos décadas antes por alguno de sus hijos, hijas o yernos.

Es su forma de actualizar sin piedad el mismo infierno de entonces y es el mismo sentimiento ayer y hoy. Importa el resultado, no los medios, importa la ideología, no la verdad. No la mueve (tampoco a sus compañeras de causa) la caridad del que procura el bien del prójimo sino el odio alimentado por la derrota, no la sincera voluntad de restablecer el orden sino el rencor de reivindicar la violencia y a los violentos.

Los violentos del pasado, que son los únicos o, por lo menos, los principales responsables de esa violencia de tanto dolor y tanta destrucción. Alguien los enloqueció a los muchachos de un cuarto de siglo atrás; ellos y no otros, ellos y no los represores son los primeros y últimos culpables de todo lo que pasó y de todo este sufrimiento que no es exclusivo de Vds.

¿Porqué, pues, quiere extenderlo a los demás? Por venganza. Porque - permítame esta otra reflexión - si ellos son los responsables del ayer, Vds. lo son de la violencia del mañana, aunque no lo quieran expresamente.-

Si Vd. estuviese en condiciones de poner paz en su alma podría ver con más serenidad la realidad y ponderar debidamente la justicia de su causa, la bondad de sus pretensiones y la verdad de sus intenciones. Y tal vez comprender que su motor es, simplemente, el odio, el mismo odio visceral que consume a las Madres.

No insista en ver el mal sólo en un lado, más bien debería advertir que el mal provino del bando de los que iniciaron la guerra interna (guerra revolucionaria) y no del de los que la combatieron; de éstos se puede y debe reprochar y condenar los abusos pero no la legitimidad de su razón para enfrentar a quienes hicieron del terror una política.

No se engañe más. Su hijo y los hijos de sus compañeras de partido no se proponían una Argentina mejor ni más justa porque de habérselo propuesto habrían recurrido a otras armas más nobles y civilizadas, más acordes con los fines elevados que decían perseguir.

En todo caso, señora de Carlotto, no repita lo que ellos hicieron, no emplee su misma inescrupulosidad para obtener sus objetivos, sobre todo si no los tiene en claro, como ellos no los tenían. No vuelva a hacer el mal, como el que ellos hicieron; quizá un gesto digno y sensato de su parte reintroduzca un elemento de racionalidad en esta enferma sociedad argentina que a todos nos duele y a todos nos hace mal.

E, inclusive, puede -entonces sí lícitamente- reivindicar su memoria y su nombre. Están muertos, están desaparecidos, fueron derrotados, no insista en defenderlos ni en justificarlos; cayeron en el camino que eligieron y por los métodos que utilizaron.

Recibieron la respuesta que merecieron aunque en ocasiones ésta haya sido dura, excesiva y aun salvaje. Es la ley de la guerra: sobrepasar en violencia al adversario, pagarle como lo autoriza el Antiguo Testamento, ojo por ojo, diente por diente. Es horrible tener que decir estas cosas después de 2000 años de cristianismo ¿De cristianismo? ¡Ya no hay un mundo cristiano! Ni iba a salir de las manos de sus hijos, tenga la seguridad. Imagínese por un momento el orden social, ético y político que ellos podían dejarnos, luego de haber sembrado el país de terror.-

De alguna manera Vd. misma comprende el dolor inconmensurable que provoca el acto de arrancar a un hijo de los brazos de su madre, "Qué tipo de nacimiento tuvo y qué dolor cuando le arrancan al bebé de sus brazos" (La Nación 20 de agosto). Tiene razón. Piense el dolor que genera Vd. con sus escarceos vindicativos en la intimidad ajena cuando arranca a un hijo, aunque no sea un bebé (peor si no lo es) de los brazos de una mujer que se comportó como una madre. No tronche más familias que eran felices hasta que Vd. llegó.-

Con sincero respeto
Víctor Eduardo Ordóñez


El Gobierno contra el país

Ya impreso el número 21 de esta publicación se produjo el episodio de la detención en Europa del mayor Jorge Olivera a solicitud de un juez francés, acusado de torturas y desaparición de una joven de esa nacionalidad (lo que para la ley argentina no es cierto) durante los años de la represión.

No queremos estar ausentes desde que se tomó noticia, no obstante carecer de los pormenores del hecho, pero no es aventurado tomar posición ante el caso por tratarse -más allá de alguna particularidad que no hace al fondo- de un calco de lo ocurrido con el general Pinochet y con basamento en las pretensiones similares de otros magistrados europeos que también se muestran ansiosos, como perros de presa o como aves de rapiña, de enjuiciar y sin duda condenar contra todo derecho a los militares latinoamericanos (jamás a un norteamericano ni un británico, sencillamente no se atreverían) que combatieron con éxito a la Subversión terrorista de los 70 y 80.-

Desde el punto de vista jurídico la ansiedad de estos jueces no tiene asidero (sí, por supuesto, desde el punto de vista ideológico) excepto forzando los textos y llenando los vacíos con imaginación y mala fe.

Porque el tratado que se invoca -obligatorio para los que lo suscribieroon, para nuestro país sólo a partir de 1984- expresamente dispone su irretroactividad de modo que no puede ser aplicado a delitos (presuntos en la inmensa mayoría o de harto dificultosa prueba) anteriores a su entrada en vigencia.

Esto sin contar que la extensión de la jurisdicción de un tribunal ha de ser considerada siempre como una excepción a un principio general, central todavía en los ordenamientos jurídicos vigentes mientras no se acepten plenamente las consecuencias del otro principio que se ha venido dibujando -con los caracteres de un monstruo apocalíptico- conocido como "globalización".
De ser así el comienzo de la extinción de las naciones sería un proceso que ya está en marcha y en avanzado estado de concreción. Aquí tocamos el nervio central de nuestra reflexión sobre el caso Olivera: ¿qué piensa hacer real y lealmente el gobierno de la Alianza? En este aspecto, así como en muchos otros, no se puede ser optimista.-

Como quiera que sea el caso en cuestión se ha convertido en una verdadera prueba de fuego para el actual gobierno desde un doble punto de vista;

· el primero es acreditar el grado de voluntad política y de vergüenza nacional que lo alimenta frente a conflictos surgidos de la prepotencia de jueces farisaicos como según parece, pueblan al viejo continente sometido a una ola de socialdemocracia asfixiante y totalitaria, con aliados y agentes en la Argentina.

· El segundo se refiere a la capacidad de resolver las contradicciones y oposiciones que atoran y atascan a la izquierda en el poder.

Como se sabe hay varias izquierdas en el país y en el gobierno que alternativamente se enfrentan, se complementan y se continúan; son grados, niveles, matices, también celos y resquemores personales, tácticas, conductas "prudenciales", incluso cálculos de tiempo oportuno (hoy le corresponde a uno ser intransigente y a otro flexible, mañana a áquel comportarse con dureza y abiertamente y a este otro como un moderado, etc.).

Así la izquierda de dentro y fuera del poder -incluso la que se proclama opositora radicalizada, como la nucleada en Le Monde Diplomatique, coqueta y gramsciana- actúa (y sobreactúa) cumpliendo más o menos coordinadamente roles previamente asignados. No todo funciona como un mecanismo de precisión y es por eso que a veces se producen desencuentros (caso Alvarez e Ibarra) y desinteligencias.

Lo que a estos efectos interesa es señalar que a un gobierno netamente de izquierda le resulta difícil mantener la coherencia en circunstancias determinadas, cuando el discurso de ayer se topa con la realidad de hoy ¿Quiere, pues, el gobierno de la Alianza, sostener la soberanía nacional o prefiere ceder a las imposiciones y presupuestos de su ideología?

Hay un caradurismo impúdico y chocante en algunos de los protagonistas. Es el caso de Raul Ricardo Alfonsín, abogado que fue de Santucho, que viene moviendo con poca discreción las piezas de su influencia -en el caso vía Nosiglia y Gil Lavedra- para obtener un indulto de hecho a favor de los homicidas de La Tablada, aquellos muchachos que no se sabe porqué tomaron ese regimiento de infantería en 1989, beneficio que se les otorga como si acá no hubiera pasado nada y nadie tuviera que ser castigado.

Al ex presidente le consta -no puede dejar de constarle- lo que entonces aconteció y porqué. Sin embargo está dispuesto a reivindicarlos liberándolos. Que no se trata de un sentimiento de humanidad el que inspira al ex presidente lo demuestra el hecho que ahora, ante el caso del secuestro ilegal que sufre un militar argentino en manos de los miméticos jueces europeos, con toda seriedad y severidad opinó que el gobierno -que es "su" gobierno- sólo y apenas debe aportar un apoyo consular, es decir una ligera e insustancial ayuda técnica y momentánea.-

Se olvida y quiere olvidarse que el mayor Olivera fue juzgado por un delito que habría sido cometido en territorio argentino pero ya resuelto según el ordenamiento legislativo argentino. Podemos llegar a comprender que un abogado que tan poco se lució en su ciencia ignore lo que tal situación significa jurídicamente pero no a un político que, por mediocre que sea, no puede desconocer que se está ante un avasallamiento grosero de la soberanía nacional.

Pero tampoco se nos escapa que a un izquierdista de raza como lo es él, le importe nada o muy poco la soberanía nacional. No es que creamos que Alfonsín se mueva según los preceptos más ortodoxos del marxismo -en atención a los cuales no importa la pertenencia a la nación sino a la clase- porque, posiblemente, nunca los haya leído por lo que estamos ciertos que al jefe radical y enhebrador de la Alianza lo mueve una inspiración propia de la nueva izquierda, que junto con el hipercapitaismo es el sostén y la argamasa ideológica y cultural de la mundialización; fenómeno que no admite ni tolera ni comprende la existencia ni la legitimidad de las naciones como entes coordinados pero soberanos, convivientes pero no subordinados.

La izquierda a la que pertenecen Alfonsín, sus maestros y seguidores exige la extinción de éstas y para ello se ha comenzando con el debilitamiento de los respectivos estados (soberanía económica) conjunta y paralelamente con la limitación de la competencia judicial (otra forma de la soberanía).-

No es de asombrar, en realidad, el comportamiento de personas como la nombrada y otra pequeña multitud hoy encaramada en puestos decisivos de la pirámide del poder pero no deja de causar un efecto desagradable esta ambivalencia, esta contradicción flagrante y contemporánea frente a una misma realidad, el apoyo a la subversión y la condena de la represión manejándose por criterios ideológicos y no por los de justicia.Ni por los de la ley, según lo dejamos asentado arriba.

El Estado argentino debe intervenir en el caso con urgencia y decisión no porque se trate de un militar sino de un ciudadano, de un compatriota víctima de una encerrona llevada a cabo por una internacional -no siempre perceptible- de la izquierda que se vale de un denunciante acá, de un juez allá, de un canciller mudo y temblequeante más acá ... de un presidente simplemente cobarde.-

Hay que hacer del caso Olivera un caso de interés nacional, una cuestión de estado, incluso un "casus belli", un tema prioritario para nuestra diplomacia. Interesa no sólo porque el Estado argentino está obligado por naturaleza (¿sino para qué existe?) a proporcionarle protección a sus individuos sino porque ha de defender a la soberanía allí donde la misma sea ofendida, lesionada o desconocida.

Aceptar con tan plácida complacencia atropellos de este carácter y dimensión como lo hace el gobierno izquierdista de De la Rúa, equivale a una traición aunque sea por omisión. Sopesamos bien las palabras y creemos ajustarnos a su sentido más propio y técnico. Porque tanta y semejante pasividad no se compagina con la función histórica del Estado de asegurar la libertad del país y la dignidad de sus hijos preocupándose, por lo menos, de su seguridad jurídica ya que el actual gobierno no lo hace con respecto a su prosperidad lo que es otra de sus funciones naturales.-

Tememos haber caído en la utilización de términos en desuso y casi carentes de sentido concreto. ¿La libertad de la patria?, ha sido olvidado el concepto, ¿dignidad de sus hijos?, otro concepto vacío. Hay que recuperarlos si es que deseamos seguir siendo nación argentina.-
De aquí la trascendencia que le damos al caso Olivera, aparte de la injusticia e ilegalidad que supone; por un lado puede ser el comienzo de un proceso mortal para el país, por el otro exhibe el afianzamiento de una ideología que gusta de ceder ante la prepotencia extranjera siempre y cuando la misma se acomode a sus necesidades teóricas y prácticas.

Si el gobierno argentino no defiende activamente al ciudadano argentino Olivera pierde legitimidad y decencia y deja en claro que expone a la nación toda a los avances tramados desde el exterior y el interior. Hay una nueva Internacional a la vista, es la de la socialdemocracia con agentes locales, activos como Alfonsín y Diana Conti o pasivos como De la Rúa y Rodríguez Giavarini.-

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domingo 15 de noviembre de 2009

"OTROSÍ" Extra – 21 agosto del 2000 "EL GOBIERNO CONTRA EL PAÍS" - Caso Oliveras

"OTROSÍ" Extra – 21 agosto del 2000

"EL GOBIERNO CONTRA EL PAÍS" - Caso Oliveras

Ya impreso el número 21 de esta publicación se produjo el episodio de la detención en Europa del mayor Jorge Olivera a solicitud de un juez francés, acusado de torturas y desaparición de una joven de esa nacionalidad (lo que para la ley argentina no es cierto) durante los años de la represión.

No queremos estar ausentes desde que se tomó noticia, no obstante carecer de los pormenores del hecho, pero no es aventurado tomar posición ante el caso por tratarse - más allá de alguna particularidad que no hace al fondo - de un calco de lo ocurrido con el general Pinochet y con basamento en las pretensiones similares de otros magistrados europeos que también se muestran ansiosos, como perros de presa o como aves de rapiña, de enjuiciar y sin duda condenar contra todo derecho a los militares latinoamericanos (jamás a un norteamericano ni un británico, sencillamente no se atreverían) que combatieron con éxito a la Subversión terrorista de los 70 y 80.-

Desde el punto de vista jurídico la ansiedad de estos jueces no tiene asidero (sí, por supuesto, desde el punto de vista ideológico) excepto forzando los textos y llenando los vacíos con imaginación y mala fe.

Porque el tratado que se invoca - obligatorio para los que lo suscribierron, para nuestro país sólo a partir de 1984 - expresamente dispone su irretroactividad de modo que no puede ser aplicado a delitos (presuntos en la inmensa mayoría o de harto dificultosa prueba) anteriores a su entrada en vigencia.

Esto sin contar que la extensión de la jurisdicción de un tribunal ha de ser considerada siempre como una excepción a un principio general, central todavía en los ordenamientos jurídicos vigentes mientras no se acepten plenamente las consecuencias del otro principio que se ha venido dibujando –con los caracteres de un monstruo apocalíptico- conocido como "globalización". De ser así, el comienzo de la extinción de las naciones sería un proceso que ya está en marcha y en avanzado estado de concreción.

Aquí tocamos el nervio central de nuestra reflexión sobre el caso Olivera: ¿qué piensa hacer real y lealmente el gobierno de la Alianza? En este aspecto, así como en muchos otros, no se puede ser optimista.-

Como quiera que sea el caso en cuestión se ha convertido en una verdadera prueba de fuego para el actual gobierno desde un doble punto de vista:

· El primero es acreditar el grado de voluntad política y de vergüenza nacional que lo alimenta frente a conflictos surgidos de la prepotencia de jueces farisaicos como según parece, pueblan al viejo continente sometido a una ola de socialdemocracia asfixiante y totalitaria, con aliados y agentes en la Argentina.

· El segundo se refiere a la capacidad de resolver las contradicciones y oposiciones que atoran y atascan a la izquierda en el poder.

Como se sabe hay varias izquierdas en el país y en el gobierno que alternativamente se enfrentan, se complementan y se continúan; son grados, niveles, matices, también celos y resquemores personales, tácticas, conductas "prudenciales", incluso cálculos de tiempo oportuno (hoy le corresponde a uno ser intransigente y a otro flexible, mañana a aquel comportarse con dureza y abiertamente y a este otro como un moderado, etc.).

Así, la izquierda de dentro y fuera del poder - incluso la que se proclama opositora radicalizada, como la nucleada en Le Monde Diplomatique, coqueta y gramsciana - actúa (y sobreactua) cumpliendo más o menos coordinadamente roles previamente asignados. No todo funciona como un mecanismo de precisión y es por eso que a veces se producen desencuentros (caso Alvarez e Ibarra) y desinteligencias.

Lo que a estos efectos interesa es señalar que a un gobierno netamente de izquierda le resulta difícil mantener la coherencia en circunstancias determinadas, cuando el discurso de ayer se topa con la realidad de hoy ¿Quiere, pues, el gobierno de la Alianza, sostener la soberanía nacional o prefiere ceder a las imposiciones y presupuestos de su ideología?

Hay un caradurismo impúdico y chocante en algunos de los protagonistas. Es el caso de Raúl Ricardo Alfonsín, abogado que fue de Santucho, que viene moviendo con poca discreción las piezas de su influencia - en el caso vía Nosiglia y Gil Lavedra - para obtener un indulto de hecho a favor de los homicidas de La Tablada, aquellos muchachos que no se sabe porqué tomaron ese regimiento de infantería en 1989, beneficio que se les otorga como si acá no hubiera pasado nada y nadie tuviera que ser castigado.

Al ex presidente le consta -no puede dejar de constarle - lo que entonces aconteció y porqué. Sin embargo está dispuesto a reivindicarlos liberándolos. Que no se trata de un sentimiento de humanidad el que inspira al ex presidente lo demuestra el hecho que ahora, ante el caso del secuestro ilegal que sufre un militar argentino en manos de los miméticos jueces europeos, con toda seriedad y severidad opinó que el gobierno –que es "su" gobierno- sólo y apenas debe aportar un apoyo consular, es decir una ligera e insustancial ayuda técnica y momentánea.-

Se olvida y quiere olvidarse que el mayor Olivera fue juzgado por un delito que habría sido cometido en territorio argentino, pero ya juzgado y resuelto según el ordenamiento legislativo argentino. Podemos llegar a comprender que un abogado que tan poco se lució en su ciencia ignore lo que tal situación significa jurídicamente pero no a un político que, por mediocre que sea, no puede desconocer que se está ante un avasallamiento grosero de la soberanía nacional. Pero tampoco se nos escapa que a un izquierdista de raza como lo es él, le importe nada o muy poco la soberanía nacional.

No es que creamos que Alfonsín se mueva según los preceptos más ortodoxos del marxismo - en atención a los cuales no importa la pertenencia a la nación sino a la clase - porque, posiblemente, nunca los haya leído - por lo que estamos ciertos que al jefe radical y enhebrador de la Alianza lo mueve una inspiración propia de la nueva izquierda, que junto con el hipercapitalismo es el sostén y la argamasa ideológica y cultural de la mundialización; fenómeno que no admite ni tolera ni comprende la existencia ni la legitimidad de las naciones como entes coordinados pero soberanos, convivientes pero no subordinados. La izquierda a la que pertenecen Alfonsín, sus maestros y seguidores exige la extinción de éstas y para ello se ha comenzando con el debilitamiento de los respectivos estados (soberanía económica) conjunta y paralelamente con la limitación de la competencia judicial (otra forma de la soberanía).-

No es de asombrar, en realidad, el comportamiento de personas como la nombrada y otra pequeña multitud hoy encaramada en puestos decisivos de la pirámide del poder, pero no deja de causar un efecto desagradable esta ambivalencia, esta contradicción flagrante y contemporánea frente a una misma realidad, el apoyo a la subversión y la condena de la represión manejándose por criterios ideológicos y no por los de justicia.-

Ni por los de la ley, según lo dejamos asentado arriba. El Estado argentino debe intervenir en el caso con urgencia y decisión no porque se trate de un militar sino de un ciudadano, de un connacional víctima de una encerrona llevada a cabo por una internacional - no siempre perceptible- de la izquierda que se vale de un denunciante acá, de un juez allá, de un canciller mudo y temblequeante más acá ... de un presidente simplemente cobarde.-

Hay que hacer del caso Olivera un caso de interés nacional, una cuestión de estado, incluso un "casus belli", un tema prioritario para nuestra diplomacia. Interesa no sólo porque el Estado argentino está obligado por naturaleza (¿sino para qué existe?) a proporcionarle protección a sus individuos sino porque ha de defender a la soberanía allí donde la misma sea ofendida, lesionada o desconocida.

Aceptar con tan plácida complacencia atropellos de este carácter y dimensión como lo hace el gobierno izquierdista de De la Rúa, equivale a una traición aunque sea por omisión. Sopesamos bien las palabras y creemos ajustarnos a su sentido más propio y técnico. Porque tanta y semejante pasividad no se compagina con la función histórica del Estado de asegurar la libertad de la patria y la dignidad de sus hijos preocupándose, por lo menos, de su seguridad jurídica ya que el actual gobierno no lo hace con respecto a su prosperidad .-

Tememos haber caído en el uso - hoy incomprensible para la mayoría de los oídos - de términos en desuso y casi carentes de sentido concreto. ¿La libertad de la patria?, ha sido olvidado el concepto, ¿dignidad de sus hijos?, otro concepto bastardeado por su mal uso y abuso. Hay que recuperarlos si es que deseamos seguir siendo nación argentina.-

De aquí la trascendencia que le damos al caso Olivera: por un lado puede ser el comienzo de un proceso mortal para el país, por el otro exhibe a la luz del día las debilidades de una coalición cada vez más frágil y el afianzamiento de una ideología que gusta de ceder ante la prepotencia extranjera siempre y cuando la misma se acomode a sus necesidades teóricas y prácticas.

Si el gobierno argentino no defiende activamente al ciudadano argentino Olivera pierde legitimidad y decencia y deja en claro que expone a la nación toda a los avances tramados desde el exterior y el interior. Hay una nueva Internacional a la vista, es la de la socialdemocracia con agentes locales, activos como Alfonsín y Diana Conti o pasivos como De la Rúa y Rodríguez Giavarini.-

V. E. O.

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martes 10 de noviembre de 2009

"OTROSÍ" Nro. 21 – agosto del 2000 UN 19 DE JULIO ...

"OTROSÍ" Nro. 21 – agosto del 2000

UN 19 DE JULIO ...

El 19 de julio de 1976 cayó muerto en acción de guerra el capitán Leonetti; fue la última víctima cobrada por ese enfermo ideológico que se llamó Santucho, fundador y dirigente supremo de una banda conocida como ERP, Ejército Revolucionario del Pueblo, organización ésta más violenta y vesánica que cualquiera de sus pares. El ERP tuvo conexiones directas con los tremebundos miembros de Sendero Luminoso y otros afines, de los que tomaron no sólo sus objetivos sino sus métodos que aplicaron con impiadosa constancia.

Se puede decir que esto ya es historia pero, no obstante, tiene una gran importancia para el presente inmediato si recordamos un dato: el segundo de Santucho era Gorriaran Merlo que, una vez abatido el jefe, continuó su perfomance de terrorista sistémico por el continente, culminando su carrera con el asesinato del ex presidente nicaragüense "Tachito" Somoza en Asunción, luego de compartir glorias con los vencedores de éste contribuyendo a levantar la tiranía.

Es por este Gorriaran Merlo, hombre que en realidad nunca bajó las armas y que encabezó la toma del regimiento de La Tablada en 1989, por quien un grupo de funcionarios y legisladores oficialistas - incluyendo al mismísimo ministro de Justicia Gil Lavedra, camarista que a su hora supo condenar a los integrantes de la primera Junta Militar del Proceso - se mueve para conseguir su indulto y amnistía. Lo hacen a través de una más o menos complicada maniobra político-judicial que culminaría con la libertad de los responsables intelectuales, espirituales y materiales de ese golpe agónico del terrorismo que costara varias decenas de vidas; lo que parece no interesar demasiado a nadie.-

Aquí queremos rescatar este hecho revelador de una situación de fondo que pasa desapercibida para tantos pero que, sin embargo, constituye uno de los ejes sobre los que se genera y tensa la realidad argentina actual. La cosa es que a la izquierda bien o mal pensante - es decir la presentable tipo Storani y Alvarez o a la que hay que ocultar como los Hijos - no le importan los delitos cometidos ni los castigos merecidos: se toman de una formalidad que no es más que una excusa para procurar la libertad de sus cómplices. Repiten lo del 73, abrir las cárceles para que vuelvan los terroristas.-

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LOS TEMBLEQUEOS DE BALSA

El ex comandante en jefe del Ejército parece que no está dispuesto a retirarse definitivamente y de una vez para siempre de la vida pública -retornando al anonimato más humillante en el que el mejor premio ha de ser el olvido- sin cometer su último acto de desdoro. No conforme con haber sido expulsado por unanimidad de la organización que nuclea a sus colegas, se ha pasado decididamente y cada vez con menor pudor al bando de la izquierda; y no de cualquier izquierda sino de la propiamente armada o, peor aun, de la que reivindica el terror que sus hijos y nietos implantaron en el país como una alucinante forma de hacer política.

El general Balsa con gusto se alía, conversa e intercambia convicciones con las madres y abuelas de aquellos que descuartizaron a sus compañeros de armas o a sus parientes, casi nunca de frente sino mediante el ataque artero, la bomba clandestina, el asesinato indiscriminado. Los ascendientes de los asesinos de sus camaradas se han vuelto los interlocutores válidos con los que este extraño y zancudo militar gusta platicar como si no tuviera nada que reprocharles.

Bajo la bendición de cierto obispo y la complacencia de cierto rabino se mostró, no mucho tiempo ha, arrepentido de lo que en ese momento sus superiores hicieron contra la subversión; ahora se opone a que se instalen las "mesas de diálogo" que propone el General Brinzoni como modo de acordar un principio de solución al conflicto entre represores y subversivos - cada vez más enredado desde que estos últimos se niegan por principio siquiera a reconocer que lo fueron y que desencadenaron una guerra con métodos atroces llamada revolucionaria -; alega que los protagonistas de la represión - pasado que parece no poder sacarse de su conciencia como sí ha eliminado limpiamente los reproches por los contrabandos de armas - "deben" recordar algo, son archivos vivientes que deberían abrirse puesto que fueron favorecidos por el indulto "que no es olvido sino perdón", como acotó.

Esto es abrirse a las Bullrich, a las Conti, a las Carlotto y Bonafini, es decir completar la rendición que él inspiró y protagonizó cuando pidió perdón no se sabe de qué ni porqué ni en nombre de quien, con la entrega y, de ser posible, con la delación. El general propicia, pues, la traición.-
Como se sabe - y tal vez Balsa lo recuerda todavía - la guerra tiene secretos que no deben develarse sino en tiempo oportuno pero jamás mientras se encuentre, como en el caso, abierta y con un bando que se niega a deponer las armas (simplemente las tiene ocultas debajo de los vestidos de un humanismo falso y que sacará a relucir en cuanto advierta que su permanente y real enemigo, las Fuerzas Armadas, abandone las suyas y se sienta culpable).

No se puede ser tan miope o tan hipócrita como el general Martín Balsa que se empeña en desarmar al Ejército argentino del que alguna vez formó parte, de vaciarlo y descalificarlo ¿Porqué no le pide lo mismo a la Subversión?

¿Verdaderamente no se da cuenta que la Subversión está representada y viva en las Madres y en las Abuelas con las que coquetea indelicadamente por TV?

¿Verdaderamente cree que la guerra terminó y no percibe que continúa bajo otra forma y modalidad como es la mediática y la persecutoria por la vía judicial?

¿O cree con sinceridad que todos estos manejos y entresijos de los bebés supuestamente secuestrados y los "juicios de la verdad" responden a una genuina vocación de justicia de tales Madres y Abuelas, no sospecha que más bien responden a una estrategia a la que él se presta con tanta imprudencia?

Entonces ¿porqué insiste en hacerles el juego a estas subversivas con polleras y pañuelos que vienen a suplantar a sus hijos y nietos una vez perdida la batalla militar que ellos mismos provocaron?

Lo peor que le puede ocurrir a un profesional del arte de la guerra (y de la política) es confundirse de enemigo; creer que su enemigo es su aliado; tanto más si este enemigo jamás dio muestra ni prueba de arrepentimiento ni de deseo de reparar el daño inmenso causado por su vesanía e irracionalidad.

Pero digamos no en apoyo sino en comprensión de Balsa que este paso a las filas del enemigo (que continúa siéndolo y que lo será para siempre) puede explicarse -por repugnante que sea- como su necesiddad de contar con la protección de algún sector de la sociedad donde refugiarse cuando los jueces federales - tan antidemocráticos ellos - le golpeen la puerta en nombre de un ejército al que, junto con sus arma le hizo perder sus razones para combatir.-
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INDISPENSABLE

Apareció el libro de Carlos Manuel Acuña "Por amor al odio"; un acierto desde su título. No podemos comentarlo por su extensión e importancia aunque lo pensamos utilizar abundante y provechosamente. Es el libro que hacía falta no sólo para los historiadores de mañana sino para los testigos de hoy por lo general tan desorientados. Estudia con abrumadora minuciosidad todo el fenómeno subversivo desde sus orígenes, allá en Sierra Maestra, hasta el golpe del 76. Queda, como se ve, mucho por decir que será materia de una segunda parte que -así lo deseamos- será tan exhaustiva como ésta.-

Nada queda fuera de su enfoque: ni el contexto internacional en que se ubica su génesis ni su semillero ideológico ni sus afinidades y conexiones, métodos y tácticas. Para decirlo todo se trata de un libro indispensable tanto para el estudioso sereno como para el protagonista de cualquier ribera de la guerra.

No se piense ni por asomo que se está ante un trabajo comprometido con alguno de los contendientes ni de posición tomada de antemano; simplemente es un esfuerzo de erudición y síntesis que reúne cuanto material historiográfico pueda interesar, cuanto dato importe, cuanta interpretación corresponda científicamente.

Queremos decir que es exactamente lo contrario de un panfleto - por otra parte, muy voluminoso para serlo- es un aporte serio que a todos hará bien, incluso a los actores del terrorismo marxista de entonces que tendrán así la perspectiva objetiva para meditar su comportamiento y, acaso, para reflexionar sino ética por lo menos políticamente para de esa forma detectar los "errores" cometidos, ellos que, por supuesto, no soportan la noción de pecado.-

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jueves 5 de noviembre de 2009

"OTROSÍ" Nro. 20 – JULIO del 2000 "Familiares de militares asesinados"

"OTROSÍ" Nro. 20 – JULIO del 2000

"Familiares de militares asesinados"

Un grupo de familiares de militares asesinados por la subversión han tomado la iniciativa -tan sensata como postergada- de reclamar la misma indemnización que tienen fijada por ley los ascendientes y/o descendientes de sus victimarios. Para lo cual iniciaron, como corresponde, las tramitaciones administrativas del caso, esto es que debieron acudir a la Secretaría de Derechos Humanos a cuyo frente se encuentra la vestal de la materia la doctora Conti, mujer comprometida -pública y privadamente- con los derechos humanos... de los terroristas.

Sin duda sorprendida por tan desagradable pretensión - que imprime al cómodo y unilateral manejo de tales derechos que se venía realizando hasta ahora, un giro inesperado pero, en definitiva, jurídicamente lógico - atinó a decir que iba a formular un dictamen negativo porque (¡al fin lo reconoció!) semejantes prebendas eran sólo para las supuestas víctimas del supuesto terrorismo de Estado.-

En rigor no le falta cierta razón si nos atenemos a la intención del legislador y a la voluntad más o menos implícita de la ley (en otras palabras, a las circunstancias ideológicas que acompañaron e inspiraron a la aprobación de tan aberrante norma). Porque, en efecto, esta ley está pensada en obvio beneficio de aquellos muchachos (o no tanto) que, en su momento tomaron las armas contra la sociedad con el declarado propósito de reformarla aun contrariando y forzando los propios deseos de ésta.

Resultaba claro el propósito de sus autores de excluir a los demás caídos en el transcurso de la Guerra Revolucionaria, tan claro como implícito al punto que no consideraron entonces en su redacción la necesidad de afirmarlo con una mayor explicitud. Tampoco conveniente.

Los dineros del Estado agredido estarían destinados de un modo exclusivo a los parientes de sus agresores y nunca a las de sus defensores. Pues bien, he aquí que un conjunto de fastidiosos huérfanos y molestas viudas castrenses vienen a enturbiar con su imaginación el justiciero y tranquilo clima de distribución de la correspondiente partida del desvencijado tesoro nacional; partida que al final de la exacción se habrá desangrado en 4.000 millones de pesos (o de dólares, si avanza el plan de cambio de moneda). ¿Alcanzará para todos? Por las dudas la Secretaria se opone, según adelantó un tanto nerviosamente.-

Es que con astuta pero no completa previsión, como se ve, la ley incluye entre sus beneficiarios a las "víctimas" del terrorismo de Estado y de otras fuerzas "paramilitares". La picardía era patente: que no quedaran fuera los que cayeron en las redadas de la Triple A, de intensa actividad durante el gobierno de Isabel Perón y que se habría cobrado, según cálculos serios, no menos de 900 desaparecidos.

Pero, como suele decirse, la oración se les volvió por pasiva y ahora resulta que esa ampliación de los sujetos de la represión (por cuyo accionar el Estado debe pagar) puede comprender a los asesinos seriales y sistemáticos conocidos como montoneros y erpianos, cuyas víctimas podrían, entonces y a la luz de esta nueva interpretación, quedar contempladas en los generosos dispendios de la ley. Porque si de "paramilitares" se habla nadie más caracterizado que esos jóvenes que gustaban adoptar la jerarquía militar, atribuirse grados, dar y recibir órdenes, aplicarse sanciones y, en general, adoptar un estilo militar del que decían aborrecer y al que decían combatir. Había algo de simiesco en ellos que si ayer los mantenía contentos y hasta orgullosos, hoy, posiblemente, los obligue a compartir las jugosas compensaciones arrancadas al Estado.-

Se trata de dar con jueces serenos, resistentes a todo tipo de presiones, desde la física hasta la política e ideológica - en especial la más fuerte y descarada, la que provendrá de los medios de comunicación - y dispuestos a aplicar la norma con un sentido de equidad, es decir de justicia concreta y sin mirar a derecha ni a izquierda.-

A medida que pasa el tiempo, los espacios para el macaneo, la irresponsabilidad, la imaginación suelta, se achican; tantas leyendas negras y tantas versiones rosas, tanto maniqueísmo barato y fácil se vuelven insoportables y, aunque parezca mentira, inservibles.

Es como un comienzo de oxigenación para una sociedad harta de discursos únicos y de excomuniones y marginaciones impuestas por un poder desde las sombras.-

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"OTRA FARSA JUDICIAL"

Ya habíamos advertido en otro número que el Coti Nosiglia, cuyo instrumento en el gobierno de la Alianza es el ministro de Justicia Ricardo Gil Lavedra, se proponía rescatar a sus antiguos subordinados que el 23 de enero de 1989 intentaron ocupar el regimiento de La Tablada y que, derrotados, fueran condenados a diversas penas. No se trataba de delitos menores, entre otros 39 homicidios y más de 50 heridos sin contar algunas figuras más como el de portación de armas de guerra, daños, amenaza pública y un largo etcétera. Es curioso que su jefe visible, inspirador e ideólogo, el fraile Puijané, disfrute en la actualidad de una libertad que sus seguidores no tienen: tiquismiquis de un Poder Judicial cada vez más politizado y flexible.-

Ahora es el abogado de esos terroristas - castigados en un juicio público con todas las garantías - el que, devenido diputado, vuelve a la carga persiguiendo mediante un proyecto de ley la modificación de la sentencia que perjudicó a sus clientes y correligionarios.

Figúrese el lector qué sería del país de prosperar tácticas semejantes: un abogado perdidoso en los tribunales, casi por azar se recibe de legislador y obtiene la modificación del fallo que lo disgusta mediante una ley de su autoría. No sólo se habría extinguido la división de poderes -que aun, a pesar de todo, subsiste aunque sea a los tropezones- sino, lisa y llanamente, la seguridad jurídica; ello sin contar con que el principio de igualdad ante la ley, hecho trizas, no sería más que papel mojado. Y todos quedaríamos sujetos a la influencia y cuota de poder con que contáramos en cada caso.-

Tampoco es casualidad ni de extrañar que Raul Alfonsín apoye por detrás la iniciativa de Torres Molina (fracasado abogado e ingenioso legisferante ) puesto que fue el ex presidente quien en su momento apareció comprometido en la asonada en un episodio que nadie investigó en realidad en todos sus aspectos, motivaciones e implicancias, a pesar de la vocación de pesquisantes que tantos periodistas han sacado a relucir para casos menos significativos.-

Como algunos juristas han indicado, se trata de un indulto encubierto sin mayor sustento legal ni jurídico. El razonamiento en que se fundamenta la pretensión, apenas formulado no resiste el análisis.

Se dice que la resolución de la Cámara Federal de San Martín - condenando a 13 terroristas a prisión perpetua, uno a 20 años y los demás a penas inferiores - no respetó el principio de la doble instancia fijado en el Pacto de San José de Costa Rica, suscripto oportunamente por la Argentina.

Falso. La Corte Suprema, por vía extraordinaria, intervino confirmando la sentencia; años después volvió a hacerlo cuando rechazó una solicitud de la nada confiable Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) que solicitó que EN LO SUCESIVO se adoptaran disposiciones para respetar el derecho de apelación; con criterio aceptable la Comisión propone legislar, como es de ordinario, para el futuro.

De cualquier manera, el alto tribunal volvió a rechazar otra presentación del mismo organismo reclamando una reparación a las víctimas (¡) por el daño (¿) sufrido. Si bien esta mezcla de delincuentes, cómplices, ideólogos y jueces nos tienen acostumbrados a tales juegos malabares - indignos, por cierto, de la ciencia del derecho que tantos sacrificios y siglos costó a Occidente levantar para que vengan los diversos Garzones a aventarlos de un soplido - esta vez parecen haber llegado demasiado lejos en sus piruetas y elucubraciones.

Ha habido, si es eso lo que verdaderamente les preocupa, doble instancia y sus defendidos han gozado, como correspondía, de las debidas garantías en juicio; de las mismas garantías que ellos les negaron a sus víctimas caídas entre sus garras. Y de la que se proscribieron a sí mismos en 1973 - enloquecidos por alcanzar rapidamente su libertad en cualquier condición para volver a delinquir, como lo hicieron sin tardanza - al eliminar el tribunal creado a efectos de juzgarlo como se debía, con la ley y por jueces ordinarios designados antes del hecho.

Los Torres Molina de entonces - casi unanimidad en ambas Cámaras - les otorgaron el perdón y disolvieron el órgano que les aseguraba sentencias justas. Y persiguieron a sus miembros. El terrorismo se reinició hasta la demencia.-

Ahora vuelven por otra senda; siempre con la mano crispada de la víctima y el rostro ajado del perseguido pero siempre también prestos para pasar al ataque y erosionar el orden jurídico desde cualquier posición, como ministros, legisladores, jueces o, más directamente, como vulgares terroristas.

Todos ellos, alternativa o sucesivamente, se pondrán el disfraz de víctimas y de perseguidos ... hasta que puedan recuperar las armas. En este retorno se intenta la maniobra completa: el diputado, la Secretaria de Derechos Humanos, una nueva comisión de la CIDH que acaba de llegar al país, la clase política dispuesta... todo para ejercer la presión mediática e institucional más intolerable como si se tratase y verdaderamente de un caso de justicia.-

Una última reflexión. La Nación pone en boca de la ministra de Acción Social Graciela Fernández Meijide esta frase con referencia a un supuesto proyecto del entonces presidente Menem de indultar a los cabecillas del alzamiento de diciembre del 90": si con tal de ser reelegido se lleva por delante la Constitución ¿porqué le va a importar indultar a quienes quisieron atropellar a la democracia?".

Cabe la pregunta: la destacada dirigente izquierdista se refería al coronel Seineldín o a los jóvenes que intentaron copar el Regimiento 3 de Infantería? Porque ¿cuándo la señora considera que se ha atropellado a la democracia (o, más amplia y exactamente, a la república)? Sería de sumo interés para la descreída opinión pública que lo aclarara aunque haya pasado el tiempo.-

Como se ve, las izquierdas de dentro, fuera, cerca o lejos del poder en todo momento tienden a coincidir, a buscarse, a aliarse, como a impulso de un movimiento empático natural. Todo, desde el foro hasta la legislatura, lo ponen al servicio de sus ideales ... y de sus métodos. Cambian las excusas pero no el discurso de fondo.

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"LA JOVEN CRUZADA"

Una joven de apenas 22 años ha dado - está dando - con su silencio, con su negativa y su resistencia una prueba de integridad moral y, también, de claridad mental frente a los poderes del mundo, poderes encarnados en las Abuelas de Plaza de Mayo y representada por otra jueza de ésas que nosotros procuramos olvidar y la historia hundir (o en todo caso mantener en la memoria colectiva como ejemplo de lo que un magistrado judicial no debe ser ni hacer).

Natalia Alonso se llama esta niña que, rechazando las amenazas y las tentaciones de una y otra cabeza de la misma hidra, se ha negado a someterse al análisis de ADN lo que permitiría comprobar su filiación de sangre. El caso es conocido aunque ocultado o disimulado con cierto pudor por los grandes diarios que prefieren pasar al olvido los abusos aberrantes e insólitos a que esta casi heroica mujer (por lo menos, muy sufrida) fue sometida hasta llegar al cruel e innecesario exceso de su detención en forma pública a la salida de la Universidad de La Plata donde cursa estudios.-

Todo fue - es - como una locura, una escena de estólido espanto que, tocando el límite de la cordura, parece haber escapado al control de la propia jueza que, no se sabe movida porqué sentimiento ni por cual influencia, se dispuso a tomar como rehén a Natalia y colocarla a disposición de ... la señora de Carlotto, expresión contemporánea de una Pléyade de la mitología griega de reconocida e impetuosa vocación por la cacería (éste es, sin duda, el rasgo más saliente del humanismo de las Abuelas que persiguen con denuedo a cuanto cachorro de pocos años se les ocurra pueda ser su nieto).

Es pertinente recordar la perspicaz sabiduría británica (no siempre puesta en aplicación, es cierto) que descubrió que un juez debe ser ante todo un caballero (o una dama) y, si sabe derecho, mejor.-

La mencionada Abuela, por su parte, ya con la niña entre sus manos empezó a intervenir despiadadamente en el corazón de la víctima para arrancarle su consentimiento: le pidió que se prestara para demostrar que sus padres eran un par de delincuentes secuestradores de chicos y falsificadores de documentos públicos.

La Abuela no se puso límites ni los toleró, la razón, según cree, está de su lado y le permite cualquier exceso; quiere probarlo al precio que sea, aun al de una vida humana como en el caso. No le importó con tal de satisfacer una hipótesis de trabajo o producir una renta mediática, maltratar o arruinar a un ser joven, pletórico de esperanzas y rodeado - es de suponerlo por la energía y convicción con que Natalia defendió a su familia y a su hogar - de seguridad; empujó a la muchacha, o la puso en grave riesgo, al borde del trauma más profundo que pueda afectar a una persona de cualquier edad, el de su identidad cultural y biológica.

Su extraño y feroz sentido de la justicia evidentemente no la habilita para congeniar la venganza con la consideración ni el odio con el respeto y se creyó autorizada para intentar las últimas consecuencias.-

Pero contó con la complicidad y la actividad de jueces que, en una actitud abiertamente totalitaria (con el poder que da el Estado puesto al servicio de los Derechos Humanos y de sus respectivas ONG) ingresaron en la intimidad de una persona destrozando ese ámbito de auténtica libertad y, por supuesto, lo volverán a hacer en cuanto pueda si es que no reaccionamos a tiempo frente a tanta demencia, desapercibida inexplicablemente para obispos como Laguna que aplauden o por lo menos silencian tanto y tan repugnante atropello y que no se conmueven por el dolor auténtico.-

El proceso es tétrico: una activista de izquierda consigue que su enfermiza obsesión se transforme en un imperativo judicial y lleva a la cárcel al más inocente de los personajes del drama montado por ella misma.

Es preciso aquí guardar silencio: estamos ante un abismo de perversidad. Se trata de un hecho que bien podrá ilustrar la historia del terrorismo secuencial o bien pasar como un episodio para estudiar por la psicopatología de los archivos policiales.-


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viernes 30 de octubre de 2009

"OTROSÍ" Nº 19 - Extra del 1 de mayo del 2000 "LAS CONSTANTES DE UN APELLIDO O LA IMAGINACIÓN AL PODER"

"OTROSÍ" - Extra del 1 de mayo del 2000

"LAS CONSTANTES DE UN APELLIDO O LA IMAGINACIÓN AL PODER"


Duras e impecables opiniones sobre los juicios en Córdoba

Es difícil sino imposible explicar y explicarse la actuación, tan inédita como insólita, de la jueza GARZON de Lascano que se considera en aptitud de suprimir la libertad de varios hombres - que, aunque le moleste y la sorprenda, son sus semejantes y compatriotas - aunque sea por un corto tiempo, para que "reflexionen".

A esta altura no interesa demasiado saber en qué texto legal se basa ni en qué construcción jurisprudencial se refugia para proceder como lo hizo y como, aparentemente, está dispuesta a seguir. Hoy en todas las esferas del país - aun en las más comprometidas con esa tramposa multivocidad que se llama "derechos humanos" - se entiende que esta suerte de justicia virtual, aparente, farisaica, toscamente arbitraria, terminó en un delirante y patológico manipuleo de seres humanos y de principios básicos.

Si se mira un poco a fondo, más allá del asombro y de la indignación, se comprobará que no es solo el destino de estos desdichados soldados víctimas de la arbitrariedad lo que está en peligro: es el país todo, es la sociedad, es el orden institucional, somos todos y cada uno de nosotros las mismas potenciales víctimas de tanto abuso.

Jueces así y fallos como éstos destruyen no sólo la confianza en el Estado en general y en el poder judicial en especial sino el sentido de seguridad jurídica que debe sostener a los ciudadanos para una convivencia racional.-

Ese es el gran riesgo que encierra este tipo de decisiones judiciales: tanta arbitrariedad, tanto exceso, tanto gusto en remover un pasado del que se sabe no podrá concluirse ninguna sanción penal sino - en todo caso, apenas y forzando los hechos- una de carácter moral, pone en colapso integramente a todo el ordenamiento institucional y aun social argentino.

A partir de aquí todo será posible porque el Estado - por la vía de lo inexplicable e injusttificable - ha roto sus propios límites de contención, ha avanzado sobre la sociedad y comenzó a construir un derecho marginal, paralelo, de facto, que nadie - o muy pocos, los iniciados - conoce, un derecho que puede variar, adaptarse, distorsionarse según las inclinaciones y necesidades de su ejecutor (o ejecutora).

Es decir, un derecho que es, en realidad, su opuesto y su negación, si se prefiere seguir con la idea de lo que hasta hace poco se llamaba "derecho justo". Pues bien, toda esa tradición, toda esa riqueza acumulada -por supuesto, con sus puntos oscuros, marchas y contramarchas, sus adquisiciones y sus pérdidas- está a punto de ser echado por la borda.

De prosperar o de repetirse comportamientos como los de Córdoba el país quedará a merced de los devaneos temperamentales, del ansia de vedetismo de cuanto personaje se empeñe en saltar a la luz pública a cualquier precio, estará sujeto a las inspiraciones ideológicas, a los títeres que se dejan manejar desde las sombras, a los impulsos de quienes no sólo no acatan las leyes sino que las modifican e interpretan en función de motivaciones que conservan "in péctore".

En fin, un desastre se aproxima o se anuncia desde la adopción de medidas como éstas en las que se castiga a quienes ejercen un derecho constitucional que, por lo demás, es rigurosamente respetado para los auténticos delincuentes, comunes o subversivos.

Más irritativo aun es, aparte de la injusticia en sí, la hipócrita razón invocada para justificar la detención, una invitación a reflexionar; si hasta suena a burla. Pero no es una burla, es una afrenta no sólo a los perjudicados sino al sentido común.

¿Porqué suponer que los militares citados necesitaban de ese plazo para mejor pensar su resolución de no declarar? ¿No hay aquí una especial - aunque no muy refinada - perversidad, una voluntad de persecución, un deseo de mortificación, una vocación de ensañamiento?

¿No está la señora GARZON de Lascano en condiciones de abandonar su puesto y de ser sometida a un juicio político por "exceso de subjetividad" y de "hipersensibilidad constitucional" al obligar a sus presos a reflexionar sobre la actitud que deben adoptar en los juicios que se les sigue?.-

Hablamos en serio. Hablemos en serio. El Estado de Derecho, que tanto se pregona y en el que tanto se confía, ha empezado a resquebrajarse o, mejor dicho, ha acelerado su ruina con magistrados como ésta y algunos más que, aparentemente, han decidido ponerse al frente de un movimiento izquierdista que sea simultáneamente "políticamente correcto"; porque perseguir, humillar, practicar actos improcedentes que bordean lo vesánico es, a su criterio, lo que corresponde para satisfacer a la nueva ortodoxia que reclama justamente eso: hacer del derecho un medio para otra cosa y no un fin en sí mismo como debiera, un instrumento no ya para castigar delitos ciertos o no sino para atender vindictas bajo la inspiración de ideólogos y estrategas que, cerrados los caminos racionales y jurídicos intentados antes, han hallado en esta insólita búsqueda de "la verdad histórica" una última posibilidad para satisfacerse.-

Temblemos ante estos jueces devenidos historiadores que empeñan sus esfuerzos en objetivos por completo fuera de su competencia jurisdiccional y de su esfera profesional como es la determinación de lo ocurrido en el pasado y el esclarecimiento de acontecimientos que ya no pueden ser juzgados.

Se han erigido de esta manera en "super jueces" que no reconocen fronteras para su accionar en el tiempo ni en el espacio y pareciera que incluso pueden incursionar en lo más recóndito del alma humana. Y a todo esto ¿para qué investigar "la verdad histórica", con qué propósito, con qué resultado, para beneficiar a quien, para castigar a quien?

Sea lo que fuere de lo que se trate en estas tan extrañas causas, bien o mal, todas ellas se encuentran resueltas judicialmente desde hace mucho tiempo ya por prescripción, ya por indulto o amnistía, ya por cosa juzgada. Intentar esta nueva vía significa que se pretende eludir principios fundamentales del derecho (en rigor, los subsistentes después de las reformas procuradas por los humanistas de los derechos humanos), cambiar el frente de ataque para lograr por un flanco lo que no se pudo frontalmente, esto es mediante juicios serios llevados a cabo en tribunales competentes y con mayor seriedad (no siempre serenidad) que la que proporcionan los actuales GARZONES en actividad.

O sea que mediante pronunciamientos como estos que comentamos se ha abierto un nuevo fuero no previsto por nuestras leyes. Esperemos que la aparición de estos pesquisadores del pasado (por falta de utilidad de estas intervenciones judiciales, técnicamente se podría decir que se está ante causas abstractas) no pretendan proyectarse hacia el futuro de modo que estos renovadores magistrados lleguen a indagar en el porvenir de cada uno de nosotros.-
Si de Estados Unidos se ha dicho que es el gobierno de los jueces, de la Argentina a partir del 2000 se puede sospechar que es su tiranía.-

Dr. Víctor Eduardo Ordóñez

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