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miércoles, 27 de enero de 2010

"OTROSÍ" Nro. 34 – diciembre del 2001 "EL JUEZ ENTRE NOSOTROS"

"OTROSÍ" Nro. 34 – diciembre del 2001

"EL JUEZ ENTRE NOSOTROS"

La pobre jovencita que a la entrada de un Canal de TV recibió al juez español Baltasar Garzón con un entusiasmo desequilibrado, clamando por su multiplicación en el país, no sólo hizo el ridículo sino que asumió la representación de buena parte de una opinión pública amasada cuidadosamente por diversos medios de información y formación que precedieron a la visita del ibérico magistrado.-

Convencido éste de sus calidades de Cid de la justicia internacional y asegurado su carácter de emblemático luchador por los derechos humanos, se prestó a reportajes y homenajes que la tilinguería local estuvo dispuesta a proporcionarle a borbotones, desde la legislatura de la provincia de Buenos Aires hasta la universidad de La Plata que lo nombró doctor honoris causa no se sabe en virtud de qué méritos académicos.-

Garzón, bien se sabe en España, es un ambicioso sin límites y un irreflexivo que pasó del seminario al socialismo más truculento proponiéndose ser juez sólo para alcanzar la dignidad y las mieles de integrante del gabinete de Felipe González; cuando se convenció que no iba a ser ministro de justicia renunció a su banca en las Cortes y volvió a los estrados para rehacer la carrera que, al fin y al cabo, le proporcionaría estos placeres de viajar, ser aplaudido por muchachas un poco tontas y crédulas y recibir títulos de manos de sus correligionarios de otras latitudes.-

"¿ESTADOS UNIDOS CONTRA LOS DERECHOS HUMANOS?"

Los atentados contra las torres gemelas de Nueva York y el edificio del Pentágono en Washington del 11 de septiembre produjeron, amén de la reacción de la nación en todos sus estratos - ecos dormidos del "síndrome" de Vietnam - un reacomodamiento del propio estado político y un cambio profundo en lo que llamaríamos "filosofía" de los derechos humanos, un ariete reiterado y machacón en la política exterior de la gran potencia.

En efecto, ante la realidad inapelable de los hechos, ante la evidencia del enemigo que se hace presente en el propio corazón de la sociedad, ante el terror instalado de improviso en medio de la gente cobrándose un número altísimo e indeterminado de víctimas -la inmensa mayoría inocentes- las palabbras pierden significado, la retórica demuestra su vacuidad, el discurso repetido se vuelve cómplice e inútil.-

A partir de un momento dado la verdad de la violencia, del odio, de la muerte, del dolor gratuito e incomprensible recobra sus fueros; el sentido común resulta ineludible y no admite excepciones ni escapismos - más allá y por encima de la teoría y del declaracionismo barato -, el instinto de defensa y la vocación de justicia y respuesta se tornan imperativos. En esta nueva situación - situación tanto estratégica como psicológica y, en definitiva cultural - todo cambia, incluyendo en primer término el derecho mismo.

La nación íntegra advierte que lo creído, sostenido y declamado antes de los hechos concretos del 11 de septiembre del 2001 debe ser revisto, que algo estaba equivocado en esos planteos humanistas que tenían más de farisaico que de realista, que en esas exigencias de defensa de los derechos humanos a todo trance y en cualquier circunstancia había mucho de simplismo y de complacencia, de estólida puerilidad, de ceguera suicida.-

Rápidamente - sin resistencia mayor de parte de un pueblo que fue acostumbrado a ver su aparición como la cuna de los derechos del hombre - se procedió a la restricción, derogación o, lisa y llanamente, la eliminación de una serie de derechos y garantías que constituían el orgullo nacional de una comunidad que se creyó desde sus orígenes a cargo de la misión histórica de su universalización. No se oyeron en la ocasión voces de discrepancias ni quejas sino una abierta comprensión, aceptación y aun solidaridad con esas medidas que en otros países y en otras latitudes habían despertado condenas tremebundas que persisten.-

Es que Estados Unidos comprendió, como antes Roma (salvadas las inmensas diferencias), que la ley suprema de una república es su propia salvación y que ella debe ser tenida constantemente como primera y básica condición si es que se quiere subsistir al enemigo, cualquiera éste fuera.

Por eso es que, casi sin mediar tiempo intermedio, el presidente Bush recibió, a su pedido, la concentración de los mayores poderes que el primer magistrado de un Estado de Derecho puede obtener. Allí quedaron hechas trizas o puestas entre rigurosos paréntesis las intangibles garantías y, potencialmente, todo el status jurídico del que el ciudadano norteamericano gustaba vanagloriarse.

Ahora bien, este cambio copernicano en la vida de un pueblo que hace rato había transgredido el límite de la sensatez que separa la libertad del libertinaje y que se satisfacía en incurrir en exóticas soluciones jurídicas (como otorgarle el derecho a los homosexuales para ser militares o prohibir la pena de muerte en estados donde se autorizaba el aborto), no parece haberlo conmovido demasiado y, más aun, no parece haber sido advertido.

Hoy todos están dispuestos a que se les allanen sus domicilios sin orden judicial previa, a que se les secuestre la correspondencia, a que se les interfiera sus teléfonos y otros atentados contra las libertades concretas de las que son legítimos titulares. Al punto que también aceptan ser sometidos a tribunales militares por supuesto bajo un procedimiento legal propio de esta novísima instancia.

Nadie se detuvo en pensar ni en medir los riesgos y los abusos a que esta renovada legislación - por lo demás aprobada creemos que por unanimidad o por una amplísima mayoría en ambas cámaras del congreso - puede dar lugar a poco que se pierda el tino y el realismo.-
Cuando hacemos esta acotación tenemos a la vista una realidad: que parte de este clima posatentado es ficticio, mediático ya que, a esta altura, no puede caber duda que los sucesos que siguieron a la destrucción de ambos símbolos del poder norteamericano (concretamente, un ataque biológico masivo) se detuvo casi enseguida habiendo provocado no más de una decena de víctimas mortales. Sin embargo la legislación de emergencia continuará por un periodo indeterminado hasta que ... alguien decida que el peligro terminó.

Estados Unidos entendió - y reaccionó en la forma adecuada a esa conclusión - que estaba en guerra. Y adoptó una actitud no solo coherente sino homogénea, sin divisiones internas, denuncias ni escándalos. La experiencia de la potencia que no por nada domina el mundo y encabeza la globalización sin confundirse con ella, la llevó a visualizar correctamente al enemigo cierto o indeterminado, puesto en blanco sobre negro, sin discriminación ni prueba seria. Pero esto bastó para movilizar todas sus energías no sólo militares y policiales sino sociales como lo demuestra el hecho indicado que la gente se solidarizó sin mayores remilgos ni reservas a una política decididamente de guerra.-

Es algo más que una lección para la Argentina, es un ejemplo. Que nos puede servir por lo menos para revisar y controvertir la cultura implantada por la izquierda de todo pelaje desde hace casi dos décadas en una campaña que continúa las otras dos décadas anteriores de actividad armada. Ahora se cuestionan los mismos procedimientos que acaba de adoptar y poner en práctica el país rector y, supuestamente, protector de los derechos humanos en todo el mundo, en especial en nuestra sangrante Hispanoamérica.

¿Mayor conciencia histórica, realismo más sano, experiencia mejor aprovechada, genuina prudencia política, convicciones más serias y arraigadas? Puede ser todo eso; lo cierto es que Estados Unidos está acreditando, como no lo conseguía desde la guerra de Vietnam, una unidad interior, una claridad de mira y una fortaleza política frente al presente caso concreto de una agresión como la que sufrió, que cuestiona tan fuertemente sus grandes intereses, sus valores superiores, su seguridad, su identidad, su conservación y su continuidad.-


"CONFESIONES DE UN TERRORISTA"

Rodolfo Galimberti es un hombre que se ha ganado en buena ley la más espantosa fama que puede ostentar un ser humano, el de terrorista principista, sistemático, consumado e irredento. Su perfil político se integra al tiempo que se confunde con el del delincuente común; cierto es que forma parte - y así lo deja trascender interesadamente - de ese género tan desagradable de hombre que se mueve y oscila entre el crimen y el mundo de los grandes negocios al punto que es difícil sino imposible determinar cuándo se mueve en uno y otro o cuándo lo hace como secuestrador o protector, cuándo es victimario o ideólogo.

Burgués tranquilo o facineroso, pequeño intelectual o revolucionario sin escrúpulos, está acostumbrado a representar varios papeles y aun los más opuestos y, para mayor confusión, casi sin solución de continuidad. Por eso no se lo puede calificar de un lado o de otro ni ubicar aquí o allá. Ambicioso hasta lo indecible, no vacila en servir al mismo que ayer afrentó y justificar al mismo que en otro momento denunció. Nada parece cambiar para él, ni el tiempo ni las circunstancias, excepto su discurso que sabe recitar siempre con la misma convicción por contradictorio que resulte.-

Por supuesto para Galimberti el enemigo de otrora puede transformarse en un corto periodo en el aliado de hoy y también al revés. Improvisado geopolítico, economista y especialista en política exterior, este antiguo terrorista o paraterrorista de los 70 utiliza a comienzos del tercer milenio el aparato mediático al que supo acercarse (después de desafiarlo) Dios y él sabrán a qué precio y para qué. Lo permanente en él, lo único permanente es su necesidad intrínseca de estar cerca del poder, cualquiera sea éste. El mismo gesto fiero, la misma tonta y casi infantil vanidad, idéntico rostro de patotero de barrio sea cuando odiaba a los dirigentes metalúrgicos de los años 70 que cuando secuestró a los hermanos Born, cuando se declaró perseguido por las Tres A que cuando se puso al servicio de Estados Unidos, cuando se declara de izquierda que cuando se disfraza de militante de derecha, cuando ingresa a Montoneros que cuando entre en los negocios menos delicados de la farándula.-

Si nos detenemos en este personaje reptante y desfachatado capaz de transitar las más largas distancias en pro de sí mismo, es porque en su medida representa a toda una generación de violentos delincuentes y semidelincuentes que supieron esconderse detrás de los mejores discursos (por equívocos que hayan resultado) Son los mismos que no trepidaron en matar o hacer matar, en enviar a jóvenes incautos a la muerte pervirtiéndolos definitivamente al trastocarles sus valores personales y familiares; ni en imponer dolores y sacrificios que ellos supieron eludir cada vez que pudieron. En su nombre y bajo sus órdenes sus seguidores y secuaces se lanzaron a atacar un sistema para lo cual no vacilaron en destruir una nación, sistema al que terminaron sirviendo con fidelidad perruna.

Aun hoy lo siguen haciendo al convocar, como Firmenich, a una acción indefinida o, como el mismo Galimberti, al llevar una alegre y descarada vida de hombre rico en una sociedad pobre. Y, sobretodo, usufructuando un régimen capitalista al que, cuando él no lo era, le había declarado una guerra implacable. Ninguno se arrepintió de sus devaneos ni de su soberbia ni de sus crímenes. Una palabra, una declaración les basta para justificarse, quedar bien con su conciencia y para reinsertarse en la misma sociedad que agredieron lo que, por otra parte, volverían a hacer si les fuera posible o conveniente.-

Frívolos, egoístas, indiferentes al bien y al mal, fundamentalmente perversos, sicóticos, no quieren recordar ni toleran que se les recuerde su pasado; auto redimidos no se arrepienten de su pretérito ni renuncian a su presente que se les promete próspero. Hieráticos ahora optaron por el rol de universitarios o de empresarios habiendo dejado muy atrás su función de héroes que ya no les sirve ni les cabe ¿han cambiado en algo, han olvidado algo, porqué no vuelven de una vez a las sombras y al anonimato de donde salieron para ensangrentar a sus compatriotas y sembrar el odio entre ellos, sin explicaciones, en cumplimiento de una empresa por completo cruel e irracional?

Propusieron la muerte indiscriminada como solución, el terror como método, la revolución indefinida como meta. Luego cambiaron de proyecto, de medios y de objetivo no admitiendo que se les pida cuenta y sin pagar los daños cometidos; se pasean entre sus heces como lo hacen entre sus víctimas, con cierta placentera sorna de sádicos. Dicen lo contrario de lo que vociferaron ayer sin el mínimo pudor que a veces se registra entre los hampones que pueblan las cárceles. Una sociedad que deja espacio a semejantes seres está terriblemente enferma e indefensa.-


"SE CONFIRMA Y AFIRMA EL PELIGRO"

Aunque no corresponda a la temática habitual de esta publicación la consideración de la actualidad política, debemos hacer alguna referencia a ella porque advertimos - ya impresa la primera parte de OTROSI 34 - que la izquierda, subversiva o pro subversiva, ha realizado maniobras de infiltración y de toma de posición en el nuevo gobierno (de Rodriguez Saà) que urge advertir y denunciar. Esta izquierda, en una de sus versiones, se ha montado sobre los acontecimientos (los de las últimas horas del 19 de diciembre) y desvirtuado por completo el carácter de ese movimiento que provocó o precipitó la caída del presidente De la Rúa.-

Antes que nada es imprescindible dejar sentado que la izquierda tomó por asalto esa primera expresión multitudinaria de los cacerolazos - no convocada ésta por nadie ni reunida en torno a ninguna bandería - desnaturalizándola hasta invertir su sentido. Aquella espontánea salida de la gente pacífica pero agotada por el equívoco de los discursos fue - como no podía ser de otro modo - confusa e inorgánica, sin caudillos, programas ni siquiera objetivos claros. Pero de por sí hubiera resultado valiosa como índice de un estado de ánimo social -si así se puede hablar- y hubiera constituido un mensaje ineludible para una clase política menos insensible que la que padecemos.

Pero la trepada de la neoizquierda por y a través de una muchedumbre que no tardó en volverle la espalda y retirarse a sus casas, cambió y desfiguró todo. A partir de un momento dado -en la medida en que la violencia crecía y la crueldad innecesaria aparecía con su peor rostro- la subversión como tal, con sus procedimientos típicos, con su inescrupulosidad característica, se instaló (o reinstaló) en el interior de la sociedad argentina. Y una vez más el operativo de salvajismo desatado -que es el meollo de la estrategia subversiva de siempre, como una especie de terror multitudinario- se completó con una maniobra mediática.

La televisión y los "analistas" convencionales o mal intencionados que pululan en el país se encargaron de interpretar y reinterpretar esos desmanes como la reacción de los pobres y de los hambrientos cuando en realidad se trató, exactamente, que de un lumpen siempre dispuesto a la actividad delictiva disparado por la acción, la inspiración y la organización de esa subversión ducha en producir cordobazos y los más aberrantes desmanes urbanos.

Y así se ocultó que los terroristas, devenidos reivindicadores de lo peor y de lo más innoble del pueblo, pretendieron ocupar la Casa Rosada y que fue por eso que, el debilitado y remanente gobierno radical se vio obligado a ordenar una represión enérgica.-

No actuaron solos. Tuvieron en primer lugar la complicidad de buena parte de aquella izquierda infiltrada bajo distintas denominaciones en la clase política que siempre tiende a disimular, justificar, apañar o aplaudir estos excesos a partir del oscuro sentimiento que los transgresores, reclamen lo que reclamen y utilicen los medios que sean, tienen razón.

En el mismo plano hay que colocar a los comunicadores que han incorporado a sus mañas la de la contradicción "in fraganti" sin que nadie lo advierta. Por ejemplo hubo varios de estos vocingleros periodistas de TV que mientras relataban con acento comprensivo los asaltos que se llevaban a cabo, se preguntaban inquietos quien pagaría los daños. Y ninguno que sepamos tuvo la agudeza ni el coraje de denunciar a viva voz, con nombre y apellido a los que estaban azuzando los ataques de un modo sistemático; ninguno dijo que se trataba de elementos prototerroristas que, una vez más, especulaban con el desorden y los desbordes.-
La escandalosa reacción de unos pocos diputados contra la presencia del ex jefe de la Policía Federal Rubén Santos en el Congreso completó la parodia. Se volvió a intentar lo que se viene consiguiendo desde hace más de dos décadas: que los victimarios sean las víctimas.

Los otros actores de esta farsa cumplieron sus respectivos papeles y así la exótica y adaptable jueza María Servini de Cubría - después de haber fracasado en su intento de dejarle el campo libre a los subversivos que atacaban en Plaza de Mayo por haberse desoído una orden suya en ese sentido - ordenó la libertad masiva de más de un centenar de detenidos durante los saqueos. Otros fiscales no se quedaron atrás y enfermos de una fiebre de delirio pidieron (¡todo por unos pocos centímetros en los diarios!) una condena de 25 años para el ex presidente, el ex ministro del interior y el ex jefe de Policía por ¡homicidios calificados!.

Cuando se llega a estos extremos en que la frontera que separa la pasión de la demencia desaparece, el observador no puede menos que reclamar no solamente un cambio en los estamentos políticos sino en, antes que nada, el poder judicial. Esta gente que usa la magistratura y el poder de que dispone para el divertimento y ludismo de su imaginación no puede quedar a cargo de nuestras libertades y honras.-

También observamos con más asombro que alarma que algunos de los fantasmas del pasado vuelven sin reparos y sin que nadie les pida cuenta. El caso del antiguo ministro del interior José Luis Manzano, tan vinculado con esos sectores paraterroristas, a los que se ocupó en ocultar, que retornó no se sabe para qué ni con qué apoyo ni función.-

No menos desagradable fue el hecho de la llegada de las espasmódicas Madres de Plaza de Mayo que, a las pocas horas de la asunción del nuevo presidente, entraron a su despacho, le leyeron su petitorio absurdo - con lo que completaban el operativo mediático al que nos referimos - de libertad a todos los saqueadores y terminaron por repetir su cansador discurso ante los periodistas que las miraban entre divertidos y resignados.-

La mera posibilidad que un hombre proveniente de Montoneros como el santafesino Obeid hubiese alcanzado el ministerio del interior indica con trágica claridad que esta flamante gestión justicialista - a la que muchos apuestan sin fundamentos - se encuentra tan atravesada por elementos pos y parasubversivos como las anteriores y yerran profundamente quienes creen en su redención (autoredención) y en la posibilidad de incorporarlos a un sistema de convivencia civilizada o, por lo menos, de neutralizarlos controlándolos.-

Lo que quiere decir que todo sigue más o menos igual en cuanto al tendido de las líneas "progresistas" en el nuevo ordenamiento político. La izquierda acecha por todas partes y desde cualquier ángulo y no se conmueve con modificaciones del modelo económico ni de la situación social.

Los lectores de los noticiosos televisivos, los redactores de la prensa escrita, los jueces y fiscales que dormitan durante mucho tiempo para despertar en el momento oportuno -que es cuando la algazara adquiere dimensiones de catástrofe-, los analistas silenciosos que observan con superficial criterio sociológico estos acontecimientos tan vertiginosos como salvajes, todos ellos y los políticos distraídos que rondan a la espera de la hora del retorno, todos ellos -decimos- constituyen la tropa de reserva algunos, de refresco otros, de infraestructura los más, de ese ejército de terroristas que no termina de irse y que reincide una y otra vez, con sus místicas y sus métodos.

Los que aplauden y los que callan, los que disimulan y los que acusan, los que explican y los que legitiman, los que deforman y los que mienten. La Guerra no pasó.-

FOTOCOPIE Y DISTRIBUYA
Dr. Víctor Eduardo Ordóñez
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