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miércoles, 19 de diciembre de 2007

Muerte de Santucho - La hora cero de RTP - ERP

LA HORA CERO DE R.P.T. - E.R.P.
- MUERTE DE SANTUCHO -

Uno de los objetivos fundamentales, en esta etapa de la guerra fue obtener información para lograr la captura de Santucho.

Después del fracaso de Monte Chingolo, la caída del E.R.P. se avizoraba como próxima. La derrota de ese intento significó un serio problema para la continuación de la lucha. Se había recogido información que varios cabecillas tanto del E.R.P. como de Montoneros habían iniciada la huida del país y por lo tanto era imperioso tratar de evitar que determinadas personalidades guerrilleras pudieran salir de la argentina.

La inteligencia, buscaba permanentemente una punta para encontrar indicios que arrimaran la búsqueda hacia algo concreto. En esa actividad se obtuvo por medio de un personal propio, la información que un médico conocido desde la juventud estudiantil, le acababa de confiar que era medico del E.R.P. y que su mujer, probablemente estaba detenida. Por lo tanto proponía un canje: La libertad de su mujer y la suya a cambio de la entrega de dos citas, una con el cabecilla MENNA y la otra con el jefe de la logística.

Resuelto como positivo a nivel de la inteligencia superior, se consideró sumamente importante la captura de MENNA y del jefe logístico, por cuanto dichos personajes estaban estrechamente vinculados a SANTUCHO. De acuerdo con ello se paso a utilizar la información del médico, como doble agente, considerando un seguro camino para llegar al líder de la guerrilla.

Se tomaron las providencias para concertar con el agente reclutado una cita con MENNA lo que permitió su captura y la obtención de importante información que el delincuente llevaba consigo. Entre los papeles, se encontró el alquiler de un nebulizador destinado a un departamento en la zona de Villa Martelli.

Se sabía que MENNA tenía un hijo asmático, deduciéndose por lo tanto que el aparato de referencia, estaba destinado a ser utilizado por el hijo de este.

Al analizar el recibo se comprobó que la dirección estaba consignada a una vivienda de la calle Venezuela 3145, 4to. Piso "B", a una cuadra de panamericana y Grl. Paz, Florida Provincia de Buenos Aires. De acuerdo a ello se dispuso que un grupo de operaciones, al mando del Capitán Juan Carlos LEONETTI concurriese al citado lugar a verificar la información. Para ello se montó un operativo espectacular de manera de no delatar el objetivo de la acción.

La situación de ocultamiento era sumamente crítica para el cabecilla de la guerrilla erpiana. La Junta coordinadora del P.R.T. había sido detectada en una quinta el la localidad de Moreno, de la cual habían podido fugar en parte el 28 de marzo. En ese encuentro habían caído 12 integrantes de la organización. El 19 de julio cuando LEONETTI hizo el procedimiento en Villa Martelli, SANTUCHO y sus acompañantes en el departamento debían partir para Cuba pocos días después.

El Capitán Juan Carlos LEONETTI Y otros tres militares vestidos de civil habían llegado al departamento de MENNA sin saber que Santucho se encontraba en él, a las dos de la tarde. LEONETTI, es probable que no supiera que se iba a topar con el jefe del E.R.P., sino seguramente hubiera ido con más gente. Los militares despertaron al portero y lo hicieron subir hasta el departamento del cuarto piso, tocar el timbre y contestar cuando, desde adentro una mujer pregunto quien era.
-El portero Rubén

Mientras se abría la puerta el Capitán LEONETTI lo empujo a un costado, pegó un grito y empezaron los tiros. El ruido era infernal y el humo no dejaba ver nada. Unos minutos después Mario Roberto SANTUCHO y Roberto URTEAGA, estaban muertos.

El Ejército quiso mantener la noticia en secreto: querían ganar tiempo para usar la información que habían recogido en el departamento y la que intentarían sacarle a sus prisioneros. Pero hubo una filtración y la quinta edición de Última Hora tituló "Mataron a Santucho".

Alertado, el ministro HARGUINDEGUY, mandó secuestrar la edición en el taller y detener a su director, Américo Barrios. La información recién apareció a las 11 de la noche en radio Colonia. Enseguida se conoció la versión oficial: el Comando del Ejército tiró la puerta abajo, SANTUCHO agarró su pistola, disparó sobre el capitán LEONETTI y los dos murieron en un fuego cruzado. El parte oficial también daba por muerto a Benito URTEAGA. La información, al principio, no decía que en ese departamento también había caído -herida o muerta- Liliana DELFINO. Tampoco que habían agarrado -vivos- a Ana María LANZILLOTO, esposa de MENNA y al hijo de URTEAGA, de dos años.

Ese lunes del 19 de julio de 1976 hacia frío y el cielo parecía de plomo. Eduardo MERBILHAÁ llegó a las cuatro de la tarde a su casa, en la calle Venezuela 3149 de Villa Martelli. Eduardo pensó que iba a comer algo en su departamento del tercer piso y después subiría al cuarto, al departamento de MENNA, donde estaba parando SANTUCHO. Abrió con su llave la puerta del palier de abajo y lo sorprendió que Rubén, el portero, estuviera despierto a la hora de la siesta.

Hola, Rubén. ¿Qué hace levantado?

Rubén tenía la franela y el limpia bronce en la mano y le sacaba brillo a la baranda.

Estaba pálido y hablaba bajo:

Se lo llevaron a su cuñado, a ella también, a los demás... Los sacaron en camillas y frazadas, parece que hubo varios muertos. No sabe la de tiros que hubo, fue un infierno.

Por un momento, MERBILHAÁ pensó en salir corriendo.

-¿Ya se fueron? -No sé, puede ser que quede alguno en el cuarto. Primero vinieron cuatro, nomás, después llegaron muchos. A mí me obligaron. Le juro que me obligaron. Después empezaron los tiros. y gritaban todo el tiempo ¡lo mataron al capitán!

El relato del portero era confuso y MERBILHAÁ no estaba como para pedirle precisiones. Se despidió de él y agarró la pistola que tenía metida en el cinturón. La empuñó y dejó la mano apenas tapada por la campera de corderoy. No se iba a entregar. Estaba seguro de que los milicos habrían dejado alguna ratonera. Salió a la calle mirando para todos lados; podían estar en cualquiera de las ventanas, árboles, coches. Pero siempre había una posibilidad de rajar, se dijo, y aceleró la marcha. Cuando dio vuelta la esquina pensó que había roto el primer cerco. La idea de su jefe muerto le empezaba a pesar como una losa. Pero, además, pensó que tenía que ocuparse de los suyos: NORA, su compañera, tenía que estar por volver y se iba a meter en la trampa. MERBILHAÁ se quedó a unas cuadras del edificio, para interceptarla. Por suerte, pensó, sus dos hijos estaban en La Plata, con la familia de ella. Después de un rato, que se le hizo eterno, la vio venir y se acercó con una sonrisa, y con cara de casualidad. En los primeros pasos, telegráficamente, le contó a NORA que habían matado, al menos, a SANTUCHO.

Tomaron el primer colectivo, luego un taxi. Un rato después estaban en San Isidro, en la casa donde vivía MANUEL GAGGERO con su familia. Lo abrazó fuerte y trató de mostrar entereza.

-Manuel, los agarraron al Robi ya Mariano. No sé si están vivos o qué, pero el portero me dijo que se llevaron por lo menos dos cuerpos.

-¡Uy, Dios! ¡La puta que los parió!

-La dejo a Nora acá. Yo me voy rajando a tratar de atajar al resto.

Horas después, MERBILHAÁ, que era secretario del buró político, tomó contacto con Luis MATTINI el cuarto integrante y único sobreviviente de la máxima dirección del PRT. MATTINI se había salvado porque antes de ir llamó por teléfono y la persona que le contestó no le dio la contraseña convenida.

Era un golpe durísimo: los que quedaron vivos pensaron que debían estar muy infiltrados o, peor aún, que podía haber un traidor. MATTINI convocó a una reunión con los que seguían en la línea jerárquica: los que quedaban vivos del comité ejecutivo eran: Eduardo MERBILHAÁ, Enrique GORRIARAN MERLO, Jorge OROPEL, Daniel MARTÍN y Rogelio GALEANO, además de los caídos en Villa Martelli y de CARRIZO. Por esos días el comité ejecutivo del P.R.T., había perdido a otros dos cuadros: Carlos GERMÁN, el Negro MAURO y Eduardo CASTELLO, responsable político de Córdoba. Los que quedaban vivos se constituyeron inmediatamente en la máxima dirección y trataron de imaginar de dónde podían haberse filtrado los datos. La primera pista que analizaron fue la caída de PETETE.

Sólo un par de horas antes de que llegara el Ejército a la casa de Santucho, el emisario del buró político del PRT había ido a tomar contacto con un enviado de la conducción de Montoneros. Ángel GERTEL. PETETE, partió hacia Vicente López pero nunca volvió. Según se enteraron después, el enlace de Montoneros no fue a la cita: había caído unos días antes. MERBILHAÁ descartó de inmediato la posibilidad de que PETETE hubiera dado la pista para que llegaran a Santucho.

MERBILHAÁ descartó de inmediato la posibilidad de que PETETE hubiera dado la pista para que llegaran a Santucho. -Es un compañero muy firme, el Negro lo eligió especialmente por su entereza. Él no pudo ser. Además, apenas habían pasado un par de horas. Después hicieron la lista de todos los que conocían la casa de Villa Martelli y cayeron en la cuenta de que eran muchos.

En esos días, MERBILHAÁ fue a verlo a Daniel DE SANTIS y le dijo que no tenían una pista firme: -Esa casa se usó demasiado, incluso para tareas que no eran de la dirección. Calculamos que deben haber estado unos veinte compañeros, o tal vez más.

Daniel recordaba que, pocas semanas antes, él mismo había estado ahí, en una reunión con MENA y siete militantes más. Pensó entonces que tal vez iban a hacerle alguna pregunta. Pero MERBILHAÁ lo trato como siempre, sin mostrar ninguna sospecha.

Con algunos compañeros sobre los que hay dudas se decidió interrogarlos, dos o tres quedaron bajo vigilancia hasta que esto se aclare, si es que se puede aclarar. Pero la investigación no dio ningún resultado. Y la suerte del PRT, de todas formas, ya estaba echada: con la muerte de SANTUCHO, la organización político militar de origen marxista más importante de la historia argentina había perdido mucho más que un jefe.

Editorial del diario liberal " BUENOS AIRES HERALD" (Dirigido por Robert Cox)
"Va contra la naturaleza humana el alegrarse ante la muerte de otra criatura humana, pero la gente más decente y la de mejor corazón en la Argentina y en cualquier otra parte del mundo, no podrá evitar un sentimiento de profundo alivio ante la noticia de la muerte, el lunes por la tarde, de Roberto Mario Santucho",

Este aborrecible individuo, y sus igualmente desagradables compinches, muertos también el día lunes -la lista completa no ha sido aún entregada por las autoridades a tiempo para su publicación- han causado durante los últimos años incalculable angustia y sufrimiento en la Argentina. Para muchas personas el sentimiento de alivio ante su muerte se verá también conformado por una satisfacción enteramente humana, en cierta medida como un sentimiento de venganza por los miles que han muerto merced a la delirante locura de Santucho y sus secuaces.

Afortunadamente Santucho ha seguido el camino de otros líderes igualmente asesinos, como Ernesto Guevara, con quien Santucho fue comparado en cuanto a importancia.

Pero hay en esto una moraleja, que consiste en que cuando las fuerzas armadas dejaron de verse deliberadamente entorpecidas por la esfera gubernamental, como ocurrió durante el nefasto período peronista, comenzaron a tener un éxito tras otro en su lucha contra el terrorismo. La declinación comenzó aparentemente cuando Santucho grandilocuentemente decidió escoger la selva tucumana como base de operaciones, olvidando que el mismo Guevara fue vencido por el gobierno boliviano: entonces ¿qué posibilidades tenía un líder de menor envergadura contra un ejército aun mayor? .

"Lamentablemente, esto no pone punto final a la organización siniestra en- cabezada por Santucho. Pero su eficiencia ha sido pulverizada por una serie de efectivos golpes militares: más de 100 adeptos muertos en diciembre, cientos más muertos a partir de entonces, la mayor imprenta de la organización descubierta la semana pasada, y ahora Santucho y probablemente muchos otros líderes máximos, también muertos.

"Todos los Santuchos del mundo no pueden compensar la vida de los civiles, soldados y otros miembros de seguridad que han muerto -en muchos casos simplemente asesinados, sin estar remotamente comprometidos paramilitarmente. Hasta cuando Santucho fue hacia su muy demorada muerte, otro soldado cayó con él: el capitán Juan Carlos Leonetti, quien, según se reveló, era uno de aquellos a cuyo cargo estaba seguir a Santucho y capturarlo o matarlo. Leonetti es otro de quienes -pese a la culposa indiferencia de mucha gente en la Argentina- ha muerto por preservar el modo de vida que ha sido acordado por todas las personas responsables en este país.

"Con Santucho muerto, la lucha debe proseguir hasta que se liquide todo vestigio del cáncer. El resultado no estuvo jamás en duda, pero con cada nueva victoria militar se aproxima mas el día en que el terrorismo se desvanecerá en la memoria de la Argentina.
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