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miércoles, 30 de septiembre de 2009

"OTROSÍ" Nro. 45 – junio del 2003 "YA NO HAY DUDAS"

"OTROSÍ" Nro. 45 – junio del 2003
Contenido:
1 - "YA NO HAY DUDAS"
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1 - "YA NO HAY DUDAS"

Fue y es, sin discusión, una desvergüenza lo que hizo por decisión personal el presidente. Néstor Kirchner, forzar la renuncia del recientemente nombrado por él mismo Procurador General del Tesoro Dr. Carlos Alberto Sánchez Herrera sin ningún fundamento objetivo serio. Esta actitud prepotente e ilegal demuestra varias cosas, algunas ya insinuadas en los primeros pasos de la actual gestión y que fueron recogidos y destacados en el número anterior de OTROSI.-

Sería risible poner en cuestión que éste se trata de un gobierno de izquierda. Todo lo indicaba y lo hacía suponer. Los antecedentes de la hoy pareja reinante -en segunda línea por la juventud entonces de sus integrantes pero de militante bullanguería que los marcaría para siempre-, las designaciones que realizó sin consultar más que a su reducido círculo de iniciados, las mismas declaraciones del Kirchner candidato y del Kirchner presidente –declaraciones de interpretación indubitable a pesar de un cierto eufemismo que las envolvía-, en fin los pasos iniciales de este primer magistrado típico producto de las minorías enclaustradas en el poder, nada permitía optimismo alguno sobre el perfil ideológico y los compromisos consecuentes que esta nueva gestión adoptaba.-

Se trataba, más bien, de determinar qué clase de izquierda llegaba y se estaba insertando en los intersticios del estado. Porque se debe que reconocer que hay varias izquierdas; y sin detenernos ahora en la cuestión de qué se debe entender por tal (no obstante ser ésta una cuestión pendiente, de muy difícil ubicación y de primaria importancia) admitamos que existe una tolerable que parece dispuesta a una convivencia civilizada y que, en definitiva, no reniega de su origen "burgués", una forma espectacular del liberalismo.

Circunstancia que no le resta peligrosidad ya que es desde allí de donde suelen salir los otros, los jóvenes idealistas de la Generación del 70 (a la que pertenecen emblemáticamente y no casualmente Néstor Kirchner y su mujer) porque prepara de algún modo el clima, las condiciones objetivas y subjetivas para que sobrevenga aquella otra que, mesiánica y salvaje, reivindica su derecho a utilizar las armas para imponer sus modelos. O, mejor dicho, su Modelo, el del Hombre Nuevo, el que surgirá de la Revolución a partir de cuyo triunfo todo se solucionará para siempre porque los seres humanos se reivindicarán a sí mismos en la perfección de la desalienación permanente. El paraíso en la tierra.-

Por supuesto hay otras izquierdas, algunas más tremebundas y otras más pacatas, unas más utópicas y otras más racionales, unas más transparentes y otras más acomodaticias, unas más intransigentes y otras más flexibles. Pero todas comparten por lo menos dos rasgos comunes: su tendencia a la transgresión y a la fractura (lo que las vuelve tan proclives en su extremo a generar jóvenes armados y asesinos) y vocación y gusto a declararse y sentirse perseguidas. Ambos comportamientos los llevan a cabo desde fuera del poder, desde sus cercanías y aun, como lo podemos ver ahora, desde su interior.-

Pero, quizá, la peor izquierda sea la infiltrada, la oculta, la clandestina, la ficticia, la rencorosa, la que se apodera de los resortes del poder –los resortes claves, los demás admite compartirlos dando así la imagen de un sano pluralismo- y entonces se dedica a impartir justicia, claro: su justicia.-

Si le viene bien lo hace por la vía legal (como el decreto que dictó Raul Alfonsín creando la tristemente célebre CONADEP que pasará a la memoria de los argentinos como la más solemne farsa inquisitorial de su historia) o la judicial, tal como lo viene intentando desde 1983 con la gran farsa del juicio a las Juntas militares del Proceso.-

Contó para esto con tribunales y jueces adictos y complacientes que adoptaron como premisa apriorística el hecho que la izquierda que los manejaba, forzaba o inspiraba daba por sentado sin tolerar que se lo cuestionara como si se tratara de una verdad revelada o una verdad evidente del tipo de las matemáticas: la represión no tuvo razón de ser (ni, por lo tanto, justificación) puesto que no hubo violencia revolucionaria ni guerra terrorista ni actividad guerrillera que enfrentar y combatir. Todo en la represión fue exceso.-

Ese pasado no existió y si existió se lo borró por un acto de la voluntad democrática que acababa de llegar al gobierno. Nunca se lo replanteó ni se permitió que lo hiciera, lo que es un infame modo de legalizarlo y, además, de dejar indefensa a la sociedad a la que se le hizo perder la memoria.-

Entre esos jueces estuvo hasta su reciente nombramiento como secretario de derechos humanos el Dr. Eduardo Luis Duhalde, esforzado paladín ayer como funcionario judicial de la inconstitucionalidad de las leyes de amnistía de Punto Final y de Obediencia Debida; y antes de ayer, militante (o, cuanto menos, ideólogo) de ese terrorismo del que nadie se hace cargo y defensor de sus atroces protagonistas como Roberto Santucho ante cuya personalidad psicópata cayó transido de admiración (y suponemos que de adhesión), como lo confesó explícitamente. Esto nos hace sospechar que el secretario también lo sea.-

Lo ocurrido con el Dr. Sánchez Herrera, virtualmente depuesto por una decisión de Verbiztki más que de Kirchner, pone de relieve –como decíamos- más de un aspecto que urge destacar –antes que sea tarde- de la actualidad política argentina. Fue despedido de la peor manera por el solo hecho de haber defendido en su oportunidad al general Juan Bautista Saciañ, probablemente amigo de su padre, el asesinado general Juan Carlos Sánchez junto con su mujer –o sea la madre del defenestrado funcionario.-

Cabe aclarar que el asesino era un cliente de Duhalde. Le resultó intolerable al presidente esta situación por lo que creó un nuevo código de ética pública, hasta ahora desconocido o mantenido en estricta reserva en las cuevas de los terroristas que vuelven y que pone en aplicación en perjuicio del hijo de una de las víctimas del terror de los setenta –la edad aurea según el primer magistrado- pero cuidándose de extenderlo a otro actor de la época, el mencionado Eduardo L. Duhalde a quien le confió la defensa de los derechos humanos de sus compatriotas.

Esta discriminación se explica aunque sea profundamente ilícita e inmoral, sólo por la ubicación de uno y otro en los bandos enfrentados durante la subversión. Kirchner elige de nuevo –ahora no como un muchacho que toca el bombo sino como un hombre maduro que rige o pretende los destinos del país para lo cual no fue, en rigor, electo- la izquierda delictiva contra el orden, la sensatez y la convivencia. De alguna manera se puede decir que procura y que hasta se complace en el retorno al pasado y en la reinstalación de sus condiciones de enfrentamiento sin cuartel y de los procedimientos de violencia de antaño.-

Si Sánchez Herrera fue defensor de un imputado por el secuestro de niños, Duhalde lo fue del asesino probado de un empresario extranjero, sin contar con la serie de atentados aislados y de guerrilla urbana y rural en los que intervino personalmente, inspiró o promovió. Nada de esto espantó al ex camarista y actual secretario de derechos humanos ni, menos aun según todos los indicios, al presidente que lo designó.-

¿Por qué desplazó al Procurador del Tesoro que le había hecho ganar a su provincia más de seiscientos millones de dólares –puestos a buen recaudo de la angurria del estado nacional y de los bancos privados en similares extranjeros-? Porque en su secreto estatuto de moral administrativa no puede figurar en su plantilla nadie vinculado directa o indirectamente con la represión. Terrible anatema, insuperable estigma este antecedente que merece la expulsión (antes con toda posibilidad hubiera merecido la muerte).-

Aquí, como se advierte, el presidente Kirchner está creando una causa inexistente de desahucio y un criterio arbitrario de designación. Está haciendo de un prejuicio ideológico propio y personal una política de estado, de una emoción subjetiva una razón de estado, de un gusto íntimo un derecho, de una voluntad de venganza un supuesto acto de justicia.-

El presidente Kirchner –contrariamente a lo que había prometido de no gobernar con los ojos en la nuca- quiere colocar al país al borde un nuevo baño de sangre del que aparentemente se muestra nostálgico. Quiere revivirlo, reanudarlo, reivindicarlo completando desde el poder la labor llevada a cabo por los comunicadores durante estos últimos 20 años, continuadores desarmados del terrorismo –del que el defendido de Eduardo L. Duhalde, Roberto Santuchio es paradigma- y prologuistas de la estrategia presente que empezó a ejercerse implacablemente, con un trasfondo jacobino que seguramente se irá desarrollando con el tiempo.-

Porque ya no se puede dudar –a la vista de lo acontecido de un modo tan precipitado en estos pocos días del nuevo gobierno- que se está ante una ofensiva contra el orden, ahora no desde la clandestinidad como antes sino desde el poder mismo.-

Y como ayer, la primera víctima es el estado de derecho. Verdad es que el actual estado de derecho está herido de muerte por haber surgido del fraude más calamitoso. "El derecho de sufragio ... quedó suprimido de hecho". Lo denunció en estos términos severos Bartolomé Mitre en ocasión parecida y sus palabras valen en el presente porque la tramposa ingeniería electoral que llevó a Kirchner al gobierno equivale a la supresión de hecho del sufragio como se quejaba Mitre.

Con toda evidencia este presidente –solapadamente socialista- tiene conciencia de su origen ilegítimo y busca no subsanarlo sino consolidarlo; esto es no sanear su principio sino borrarlo, superarlo mediante actos de fuerza y hechos consumados. Sabe que en un comienzo tropezará con alguna resistencia y que ello acortará la luna de miel que sus comunicadores fieles (Página 12, Clarín, diversos programas de TV que alardean de independientes, etc.) procuran hacer creer.

Pero juega con la sorpresa, con la situación de indefensión en que se encuentra el pueblo, con una notoria indiferencia de la mayoría respecto a ciertos temas que se le ha enseñado a olvidar (precisamente los de la subversión) y, sobre todo, con un gran margen de impunidad que le permite al gobierno hacer lo que le venga en gana en determinadas cuestiones cuyo manejo se ha reservado con la máxima impudicia y prepotencia.Como si siguiera tocando el bombo, Kichner saca sus leyes.-

Acaba de introducir un elemento novedoso y distorsionador, el de la lealtad de los funcionarios no sólo al gobernante de turno sino a su ideología, rencores y prejuicios. Es decir que reclama su complicidad bajo pena de exclusión. Quedó, pues, en suspenso el art. 16 de la Constitución que exige unicamente la idoneidad para ocupar cargos públicos; y también ha dejado de lado la primera parte de la norma que establece que en la República Argentina no hay fueros especiales: en este caso ¡vaya si los hay! desde que se requiere para la función ser izquierdista o afín, prohibiendo al que no lo sea.-

El Estado de derecho –reanudada la subversión con otras metodologías y con otro discurso- comenzó a desaparecer aunque mantenga por algún tiempo las apariencias. Lo que se produce no sólo por las inobservancias de reglas fundamentales ni por la desigualdad manifiesta (a favor de sus correligionarios vivos y muertos) en los procederes del gobierno sino, en especial, por la abdicación de sus facultades y atributos; como lo es de modo eminente el monopolio de la fuerza.

En cambio, en estos días podemos ver cómo diversos grupos de virtuales salteadores de caminos (recibidos en la Casa Rosada con una calidez que equivalía a un sonoro aval) imponen su ley y sus pretensiones, con una nada sutil vinculación con los funcionarios que aceptan casi todos sus reclamos y que consiguen algo para ellos mucho más valioso, la representatividad en exclusiva (no por esto auténtica) de vastos sectores sumergidos o empobrecidos.

Es más: se tiene la impresión que desde el propio gobierno se inspiran y se lanzan a estos revoltosos profesionales como vanguardia para allanarle el camino; tal el caso de la banda de Castells que tomó y ocupó las instalaciones del PAMI exigiendo la renuncia de su directorio enfrentado con el presidente. Esta utilización desbordada de ramas paraestatales –sin entrar a juzgar de la justicia de sus clamores y reclamos- es también un golpe a la legalidad de los comportamientos oficiales.-

He aquí, entonces, una situación incomprensible de tan paradójica: un gobierno con una autoridad formal pero sin poder real y concreto trata de procurárselo mediante actitudes ilegales unas y arbitrarias otras. Que para completar su odiosa discrecionalidad no vacila en castigar el derecho de defensa en juicio o, mejor dicho, en imposibilitarlo.

El presidente Kirchner no quiere que el general Sassiaiñ -ni más ni menos que un ciudadano argentino- sea defendido cuando es acusado y por eso persigue a su defensor. Es oportuno recordar que ese derecho a la defensa fue respetado con escrupulosidad aun durante el maldecido Proceso para aquellos casos que fueron llevados ante los tribunales respectivos, en adecuado funcionamiento hasta que una izquierda destructora y rabiosa parecida a ésta, los suprimió en el mismo día y por el mismo acto que liberó a cientos de subversivos.-

¿Será exagerado decir que aquella pandilla –bien que renovada- que asoló al país hace 30 años y más está volviendo para completar su periplo interrumpido por la derrota militar?.-

¿Estaremos viendo fantasmas allí donde no hay sino un intento de rescate a título personal de algunas figuras y de algunas conductas de un pretérito más cercano de lo que creíamos? No es conveniente caer en optimismos cómodos sobre todo si nos obligan a cerrar los ojos y a perder la memoria.

Es evidente que Kirchner hará de su obsesión contra la represión una política oficial que ya empezó a poner en práctica; con un impulso atropellador que expresa más su rencor de vencido que su vocación de paz como mandatario de todos los argentinos y que, por lo tanto, debería colocarse por encima de diferencias y diferendos que ensangrentaron nuestro suelo en una Guerra Revolucionaria que todavía no terminamos de entender ni, slgunod, de admitir. Es esta actitud que calificaríamos de frívola de la sociedad argentina la que, justamente, permite estas reapariciones, estos retornos, estas venganzas.-

Y no deja de ser cruelmente irónico, perversamente cínico desplazar al defensor (que había probado con exceso su idoneidad) de un represor todavía no juzgado mientras se apoya con sordo énfasis a quien defendió a un subversivo que había hecho del asesinato su doctrina y su método, manteniéndolo en un puesto que no le corresponde sin ofensa al buen sentido y a las víctimas de un terrorismo que no termina de irse.-

por Dr. Víctor Eduardo Ordóñez
"CUANDO LA GUERRA ES JUSTA
EL QUE NO MATA PECA"
(San Agustín)
FOTOCOPIE Y DISTRIBUYA
Dr. Víctor Eduardo Ordóñez
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E-mail: otrosi2000@yahoo.com
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