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miércoles, 19 de diciembre de 2007

La intolerancia de "tolerantes"

Bahía Blanca • República Argentina jueves 15 de Diciembre de 2005
OTRAS VOCES
La intolerancia de "tolerantes"

Con motivo y ocasión de la renovación parcial de los miembros de la Cámara Baja, se llevó a cabo otra embestida proscriptiva por parte de los inefables sectores pertenecientes y/o simpatizantes del terrorismo residual que, en los años 70, perdieron la cruenta guerra civil por ellos desatada. En esta ocasión, el blanco elegido (a los efectos de denegar el acceso a la banca) fue el dirigente Luis Patti, presidente del Paufe, quien acaba de consagrarse diputado nacional por la provincia de Buenos Aires con el aval de casi medio millón de votos.
Si bien la legislación especializada prevé que el plazo para impugnar a un candidato a diputado nacional sólo puede llevarse a cabo durante el período previo a la oficialización de listas ante la Justicia Electoral, las runflas revanchistas llevaron a cabo un renovado embate de neto corte ideológico, pero amparándose en el vagaroso y difuso concepto de la "inhabilidad moral". Asimismo, dentro de las diatribas más festejadas, se esgrimió que "no expulsar del recinto a Patti es favorecer la impunidad", argumento por demás curioso, no sólo porque Patti nunca fue beneficiado por las leyes de pacificación ni por indulto alguno, sino que tampoco ha sido jamás condenado por la justicia (aunque sí por los medios y "opinólogos" subordinados al progresismo dominante).
Por el contrario, el principal referente y operador político de este contubernio disfrazado de "ceremonia cívica", el diputado oficialista Miguel Bonasso, sí fue beneficiado por la vilipendiada "impunidad", cuando en 1989 fue indultado por el Decreto 1.003, emitido por el presidente Carlos Menem, y así pudo salir ileso de la causa 5148 (Juzgado Criminal Nº 6), donde se hallaba gravemente imputado por el delito de "asociación ilícita".
Pero volviendo al "caballito de batalla" entusiastamente aplicado por la siniestra, consistente en fundar esta tropelía institucional bajo la imprecisa imputación a Patti de su "inhabilidad moral", cabe destacar que Miguel Bonasso ostenta, dentro de su frondoso currículum, la condición de ex jerarca de la organización homicida Montoneros, banda declarada "ilegal" y "terrorista" por el decreto 2452, emitido el 6 de septiembre de 1975 durante el gobierno constitucional (a la sazón, comandado por el Partido Justicialista), en cuyos considerandos, entre otras cosas, decía que "el país padece el flagelo de una actividad terrorista y subversiva" y agregaba que "en tal situación se encuentra el grupo subversivo autodenominado Montoneros, sea que actúe bajo esa denominación o cualquier otro". Vale decir, Bonasso (quien hoy obra de proscriptor y fiscal moral), en sus años mozos, no luchaba por el alegre "boleto estudiantil" (tal como publicitan con insistencia las películas y discursos oficiales), sino que formaba parte de la cúpula de una banda que, junto con el ERP, llevó a cabo (entre 1969 y 1979) 21.700 atentados (seis por día), entre los que se destacan la comisión de 1.501 asesinatos (hechos y cantidades ratificados en la sentencia dictada el 9/10/85 (Cap 1 - Cuestiones de Hecho - Causa 13).
Cabe aclarar que este kilométrico rosario de asesinatos cometidos por Montoneros, ERP y otras cofradías afines no fue ocasionado para "resistir a la dictadura" (tal como miente el grueso tropel de apologistas de la subversión), sino que el 52% de los mentados homicidios se consumó precisamente durante la democracia 1973/76 (antecesora al gobierno de facto).
Como ya fuera dicho, el papel de Bonasso en Montoneros no fue precisamente el de un mero adherente a distancia, o el de una simple marioneta repartidora de panfletos contestatarios, sino que se desempeñó como agente de Inteligencia y jefe de Prensa de la mentada caterva asesina. Asimismo, también hay que agregar que Bonasso no estuvo "de paso" en la misma, sino que integró Montoneros prácticamente desde su inicio (1970) y sólo se distanció en 1979, cuando, desde el exilio, el personaje de marras, junto a otros delincuentes, planificaba la conocida "Contraofensiva", consistente en introducir en el país a centenares de terroristas exiliados para retomar la guerra que, desde fines de 1977, había quedado en suspenso debido a la respuesta militar y al consiguiente éxodo masivo de guerrilleros al extranjero.
Dentro de esta "Contraofensiva" (cuyos resultados fueron catastróficos para los terroristas), se llevaron a cabo algunos atentados, tales como el conocido ataque con explosivos al domicilio del Dr. Walter Klein, en el cual volaron su casa con toda su familia adentro. Si bien ésta se salvó de milagro, murieron dos custodios y la vivienda quedó hecha añicos. Es allí, y a partir de este asesinato, donde Bonasso, junto con un grupo semidisidente, formaliza una discrepancia ante lo acaecido y emiten un insólito documento, en el que, si bien convalidan por completo el intento de asesinato de Klein, sugieren no matar a los niños, pero no por constituir un delito abominable, sino "porque la ejecución deliberada de niños nos descalifica ante las masas y favorece la propaganda del enemigo" (1).
No pocos observadores alegaron (y fundamentos no faltan) que toda esta trampa anti-Patti fue llevada a cabo a los efectos de eclipsar u opacar el eventual escándalo que se produciría tras la asunción del tránsfuga recientemente cooptado por el gobierno, Eduardo Lorenzo (Borocotó). Pero, más allá de esto último, lo cierto y concreto es que vivimos en un pluralismo ficticio y en una burda teatralización de "democracia", manipulada por la izquierda resentida y auxiliada por la prensa oficialista y todo un pelotón de diputados populistas, genuflexos y heterodoxos (cuando no "idiotas útiles") que, temerosos de las hordas marxistas, las complacen brindando consenso y respaldo a todas sus faenas ideológicas y proscriptivas. En efecto, no hay nada más intolerable que la intolerancia de los "tolerantes", y la verdadera naturaleza del peligroso sainete vivido es que Patti es considerado de "derecha" y he allí el meollo de su proscripción.

Pero lo que resulta más extravagante de la comedia acontecida es que el referente e impulsor de este ardid haya sido, precisamente, el indultado Bonasso, que no goza siquiera de respeto por parte de quienes lo han conocido bien de cerca, siendo sindicado por sus camaradas como un cobarde cabal: "¿Saben lo que es Bonasso (preguntó Galimberti a sus camaradas): le explotás una bolsa de basura en la espalda y se muere de un síncope. Es un farsante, se los digo de corazón. Lo grave es que nunca tiró un papelito en su vida. ¿Viste los bol... grandotes que los mandan al fondo en el colegio?" (2).
Citas

(1) Vigo Leguizamón, Amar al enemigo.
(2) Larraqui y Caballero, Galimberti.
Nicolás Márquez, abogado y periodista, es autor del libro La otra parte de la verdad (La respuesta a los que han ocultado y deformado la verdad histórica sobre la década del 70 y el terrorismo en Argentina).
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